Pablo Agustín Secchi | Argentina

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Pablo Agustín Secchi (San Pedro, Buenos Aires, Argentina, 1978). Albañil desde hace más de veinticinco años. Ha publicado en revistas de Argentina, Cuba, Chile, México y España. 

Inédito

  • Cecilia Galeano
  • Alejandra Perez Tujagu

 

 

Pablo Agustín Secchi

 

 

 

Cuando saliendo de la niñez empecé a trabajar de albañil

hice familia con algunos pájaros

y vi en el primer ladrillo una rodaja de pan

 

todo me sorprendía entonces

multiplicar lombrices

conocer la ternura del cemento para quitar la intemperie de los amigos

y aprender a elegir el lugar de algunas sombras

 

desde allá

se ha gastado un poco la luz

 

pero todavía conservo el instinto del tejedor de cunas

y ese niño debajo de la corteza que se sigue emocionando

cuando florecen las cabezas de los cortafierros

a fuerza de darle mazazos

 

*

 

Voy a escribirte el amor en los ojos

en los hijos

quiero clavarlo a tu tierra

atarlo a la gaviota de tu piel

pintarlo en tus paredes

salpicarlo como tu preferida nostalgia

en la puerta de tu lengua

 

¡me hiero mi amor!

 

curáme con tu nombre como la sangre

armáme en la boca la belleza de tu beso

como el más silvestre de todos los nísperos

 

te estoy pidiendo con el sigilo de las cosas irrepetibles

que me escribas el olvido

 

donde quieras

 

*

 

Si viesen al albañil buscando algo en el aire

de cualquier domingo que se abre al medio

como otra hembra preñada

 

dejen que tiemble en su mano

el arroyo violeta del vino

 

a veces sólo espera que se descuelgue del día algún recuerdo

con la misma tristeza aliviadora

de todos los gorriones que cantan en los cables

 

*

 

Sobre mi río

es tan delgada la tristeza del invierno

que si me dieran la suerte de escribir un poema

un solo poema

no sé qué palabras usaría

para evitar la torpeza de romperlo

 

pero en el medio

en el centro de la laguna de papel

parada sobre una pata

 

apoyaría una garza

 

*


Que los días caen como manzanas en el barro

que una pared es una oración de ladrillos

y que el río es el único libro que no repite palabras

 

dije

 

y aunque mi mano amasa la arena y el cemento

desconfía de las uñas sin tierra que señalan caminos

para reconocer los garabatos de la angustia

 

no tengo permiso

pero no me nieguen escribir

 

dejen que me parta en dos

el miedo atroz

que le tengo a la poesía

 

*

 

No sé por qué cuando sucede lo triste

todas las calles me parecen puertos

y los árboles, puertos

y tus ojos, como los míos

qué, sino puertos calando el silencio helado

en estas manos

 

pero los puertos no son tristes

la tristeza es de los barcos

que la escupen cuando se alejan

ensuciando gaviotas

el mar amarillento

las veredas

los árboles

nuestros ojos

los pies nuestros que se hunden

en la niebla de algún muelle difuso

cuerpo adentro

 

acá mismito hay un puerto

en el medio de esta pampa

que dice que algunas tristezas no son amargas

porque los barcos sí

son tristes como las anclas

que esconden la distancia

latido del tiempo en un reloj muerto

donde te espero abierto al vacío

como un puerto de noche.

 

*

 

Mi pueblo es un viejo recién nacido

sentado en la barranca entre el río y la estación

(nunca salí de este lugar:

pero sobre el silencio que dejan los barcos

cuando se alejan del puerto

las niñas con sus ojos aprenden a dibujar la lejanía)

sólo conozco este arenoso barro

a cada una de las garzas por su anonimato

las opacas flores amarillas de esta plaza

aquellos naranjales hacia el sur

y otras cosas mundanas que tiene

como la ceguera inseparable

de la asqueante comunión del hambre y la avaricia

 

pero no vine a buscar letras

para nombrar este suelo que amo

donde la carcomida canoíta de mi alma

decidió anclar sus raíces:

adentro de mi boca

prometo cortar entre los dientes

las alas de su nombre

 

sólo sé que siempre que acá hay lluvia

cuando el agua trae la dócil catástrofe de los jacarandás

que hacen ronda en la vieja escuela como niños pasados por el tiempo

yo siempre estoy lejos

en otro lugar demasiado frágil

 

¿parecido tal vez

A ese costado indómito

huidizo

de la belleza?

 

*

 

Llamáme fascinante Ninfa mía

abríme la hechicera piel de tu agua

 

invitáme a no saber cuál es el último paso en mi tierra

cuál el primero en tu mar

 

enredáme Sibila mía en tu vuelo oscuro

sea tu deseo no huirnos el final…

pero no muerdas más la luna así

que me muero de alma

 

 

 

 

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