«Claves de las honduras» sobre «Calzar la sombra» de Joan Villanueva por Gary Daher

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«Claves de las honduras»
sobre «Calzar la sombra» de Joan Villanueva
por Gary Daher

 

Podemos empezar diciendo que el poemario Calzar la sombra de Joan Villanueva es una propuesta indagatoria. Aquí se indaga mientras se viaja. Sin embargo, el lector deberá estar prevenido de que se trata de un viaje por un territorio que reverbera entre la escritura, el cuerpo y los fantasmas psicológicos que se erigen en personajes de ese tránsito.

¿Desde dónde se escribe? Es una de las primeras preguntas que se puede hacer el lector. Y podemos aventurar que se escribe desde una esquina hecha por la imaginación, el recuerdo y la experiencia, aunque la verdadera experiencia es esta, la de la escritura, que lucha por soportar el asedio de un yo poético fantasma, todos los yoes lo son, que es la sombra de la que escribe. Esa sombra que aparece, según lo que se dice, gracias a la operación de mantener abierto el orificio que permitiría visualizar las degradaciones.

Ahora bien, el yo poético que inicia el viaje tiene conciencia de que se trata de un viaje equivocado. Ya en “Sirenas” oímos: “tensas la mano y sobre el canto  de  las  sirenas  escribes  /  atada  al  lado  equivocado  del  río //̶m̶e̶d̶i̶o̶c̶r̶e̶/̶(sobre la amarra del tiempo) / transcribes / sobre la hoja blanca/ un espéculo de tu degradación / un temblor de tu cuerpo que asiste al amarre”.

Por lo que podemos deducir que el yo poético, viajero, está amarrado, atado en las correas del tiempo, y es testigo y da testimonio de la potencial degradación del cuerpo, pero, principalmente, de la mente.

Una degradación que suponemos ha sido inducida por el canto de sirenas, ¿las amarras del tiempo impiden una mayor degradación? Recordemos que Odiseo, intrépido, pide ser amarrado para escuchar los cantos de sirena, y así evitar la perdición.

Pero los cantos superan al viajero, y ni el tiempo es amarre suficiente. Allí, “sin consentimiento”, “se trepa, se repta” hacia rostros desconocidos, “hacia tropos desconocidos”, es decir se es presionada para descubrir ese otro yo que emerge, de las sombras.

Entonces, ya desatado, ese otro yo es convocado, por teléfono, por mensajes, por textos que viajan como anzuelos. En el poema “secuestro” se devela el haber caído en la trampa, una trampa hecha de llamadas, ¿llamadas desde el interior del deseo? Aunque como hablamos del mar de la escritura, que es por donde se navega, aquí encontramos las referencias a otros poetas del entorno representados por Humberto Quino, “el viejo fauno de la avenida buenos aires”, esos buenos aires, porque están escritos en minúscula, que han quedado atrás.

Y entonces en “lobotomía”, ya es otra la que habita el espacio del cuerpo, cuerpo tomado a través de la lobotomía. Recordemos que la lobotomía consistía en realizar dos agujeros en la parte frontal del cráneo, e inyectar alcohol directamente en el lóbulo frontal del cerebro a través de ellos.

¿Se nos habla del hundimiento a causa del alcohol?

Y ese hundimiento se expresa a través de esa otra que aparece de vez en cuando para reclamar, para amenazar. “¿quién me toca   desde dentro? / ¿quién bajo esta concha  habita? un cuchillo bastará para sacarte / óyeme, si no quieres que te dañe, contesta: / ¿quién está escribiendo esto?” Para inmediatamente advertirnos que “no es quién, sino quiénes y ten cuidado,   te lo advertimos / sobre todo/   en esta metrópoli / no andes solacontigo”

Ahí es que aparece la asamblea de almas de las que nos habla Tabucchi en Sostiene Pereira, pero aquí no es una asamblea de almas, sino una asamblea de entes psicológicos deformados, capaces de llevar al cuerpo y a la mente a las más turbias degradaciones, acaso las que todo ser humano guarda en su interior, y que reprime, o no sabe manejar, o de repente, arrasa desbocado invadiéndolo todo, como se nos advierte en el poemario.

Hay una enorme confusión que asecha al yo poético, aunque permanezca en “ese intento de escribir desde los genitales diferenciados”. Pero el yo poético ha sido invadido de tal forma que no puede definir, ni definirse. Pues ha caído en la noche, la misma que permanece en los adentros ya que según se afirma “el día es la superficie del mundo”.

Todo esto se intenta expresar, en este poemario, desde la escritura, de manera que el lector debe tomar muy en cuenta las tachaduras, los desplazamientos, y los procesos de modificación de lo que se escribe porque nos presentan a la escritura como un ser vivo que intenta expresar de las más diversas formas una experiencia aparentemente psicosomática.

Estamos sin duda en un hemisferio que ha perdido todo atisbo de luz, donde inclusive los portales que deberían permitir el canal hacia la claridad, hacia los dioses, han sido invadidos por la oscuridad de las honduras, ya que, si se los invoca, “ocho ojos se abrirán en la oscuridad / de par en par”.

El poemario tiene su punto alto en el poema que da nombre al libro “Calzar la sombra”, y lo hace con una declaración, la declaración de la otra, la que emerge de la oscuridad, una declaración de abducción. La otra, la sombra, quiere saber más, quiere conocer más al yo poético que escribe para finalmente abducirlo, transformarlo, tomarlo”.

Podríamos decir que la que aquí habla es la medusa, que es el yo poético mismo, la parte oscura, profundamente oscura del yo poético, mientras que el yo que escribe, en lugar de cortar cabezas, se ha dejado seducir, y está a punto de ser absorbido, acaso porque el instrumento en lugar de ser un escudo que protege y que sirve para mirar en reflejo a la sombra, es como se dice en el poemario un espéculo de degradación. Un instrumento que nadie podría utilizar sin ser tomado, subyugado.

Sin embargo, parecería que existe un reconocimiento de la posibilidad de sentir un Perseo interior, pues dice: “cómo invocar a esa /que es capaz de algo más algo más que yo”, se pregunta: “¿cómo podría atraparla? amarrarla a este aquí, a este ahora poseerla  en esta corta urna de tinta  y ceniza”.

Podemos interpretar que la posibilidad viene del aquí, y el ahora. El instante único en que alguien puede advertir la realidad, la urgente necesidad de despertarla en el espacio posible que el yo poético ha creado, el espacio de la escritura.

Como respuesta a esa posibilidad, salta la multiplicidad de las otras (otras cabezas de la Medusa) que no contentas con abarcar todos los espacios del yo poético, tienen el atrevimiento de querer saltar sobre el osado lector, es decir, asaltar al lector, con sus cabezas malolientes, ya que este se ha erigido como un personaje más del espacio creado,

Y son esas múltiples apariciones, ya dueñas del espacio de lo escrito, las que no dejan de anunciar que “el único error que no pesa / es el que no para”.

Hasta aquí el poemario ha transcurrido el ordenado/desordenado espacio de la escritura. Y entonces aterriza en un poema que podemos señalarlo como ars poética, “hablación”, donde descubrimos la deriva sanzeana, pues allí se dice: “no vale la pena preguntar ni decir qué es el poema /porque el poema es mariño leyendo todos los poemas de Saenz”. Y aquí Mariño bien podría ser aquel Alberto Mariño, criminólogo, que aparece en Felipe Delgado. Asunto, cierto o no, que me permite aventurar que como si de un investigador se tratara el mariño del verso (así en minúscula) iría en busca de los secretos delitos que escondería la poesía de Saenz. Pues es evidente que el texto de este poemario tiene una conexión de semilla con aquel extraordinario poema La Noche de Jaime Saenz, especialmente cuando Saenz nos dice En las infinitas concavidades de tu cuerpo, existen infinitos reinos de la oscuridad // y esto es algo que llama a la meditación. En todo caso, que esta lectura quede como un ensayo, que de eso se trata.

El poemario se encierra con un poema denominado “Taki Onkoy”.

En El Paraíso de los pájaros parlantes se cita una descripción de este acto de la siguiente manera: “Para prepararse al retorno de sus dioses, los nativos danzaban sin descanso hasta caer en transe, durante el cual, entre temblores y espasmos, renegaban de su catolicismo”. (Gutiérrez de Santa Clara como se cita en Gisbert, 2001, p. 46)

Así que curiosamente el Taki Onkoy parece ser el verdadero Leit Motiv del poemario, donde en el rito se ha invocado, en lugar de a los dioses milenarios, a la serpiente de siete cabezas, la misma que se ha hecho presente, ha pronunciado sus verdades, pero que luego se diluye en una escritura que se hace borrosa, casi un borrador, hasta sumergirse en un último poema, hecho de jeroglíficos, bajo el título de “archivo corrupto”. Dejándonos la duda deque esta sombra es de tal naturaleza que vive internamente, corrupta, y que, cosa peor, puede ser invocada por la escritura.

Al fin y al cabo, como se deja traslucir por el jeroglífico que abre y cierra el libro, todo emerge y se sumerge de y en la vagina.

 

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Gary Daher (Bolivia, 1956). Poeta, narrador, traductor, ingeniero y ensayista. Máster en Estudios Avanzados de Literatura Española e Hispanoamericana (Universidad de Barcelona, España). Profesor de Lingüística y Análisis del Discurso y Semiótica de la Universidad NUR. Autor de catorce libros de poesía, tres novelas, uno con sus traducciones y otro de ensayos. Coeditor de la revista El Ansia y curador del Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de los Anillos. Sus dos últimos libros son Piedra Sagrada, 2018, Editorial Vitrubio, Madrid; y el volumen doble La Santa y la Cruz, 2019, Plural, La Paz, publicado junto al poeta abulense José María Muñoz Quirós, en el cual participa con el libro Muralla Iluminada

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joan villanueva (San Petersburgo, 1992) escribe poesía y es periodista. Nació y vivió la primera infancia en la ex Unión Soviética, en el seno de una familia de migrantes bolivianos, con quienes luego iniciaría su primer viaje hacia Bolivia. Tiene estudios en Literatura por la Universidad Mayor de San Andrés y Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana. Publicó la trama artificial (Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, 2023) calzar la sombra (Editorial 3600, 2023) y trabaja en la obra intelligentsia. En 2022 obtuvo el Premio Letras e Imágenes del Nuevo tiempo en la categoría poesía y en 2023 obtuvo el Premio Franz Tamayo, también en la categoría poesía. Actualmente se dedica a la construcción de una vida alrededor de la escritura.

 

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