Claudia Rubín de Celis | Bolivia

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Claudia Rubín de Celis (Cochabamba, 1981). Realizó estudios superiores en la Universidad Mayor de San Simón en la carrera de Arquitectura, posteriormente un posgrado en la Universidad de Portsmouth en Inglaterra, Reino Unido, obteniendo el grado de Magister en Diseño Urbano. Durante el año 2022 cursa escritura creativa en la escuela de artes “West Dean College”. Participa de seminarios y conferencias de literatura bilingüe (Inglés/español) en Londres, donde comparte experiencias e intereses con escritores bilingües e hispanohablantes, residentes en el Reino Unido.

Poesía
  • “La forma del silencio” (Edición español/inglés. Editorial Serrano, Bolivia 2022)

  • Warsan Shire (Kenia)
  • Danez Smith (Estados Unidos)
  • Rupi Kaur (India)
  • Eliza Díaz Castelo (México)
  • Nadia Lopez García (México)

 

 

 

 

Claudia Rubín de Celis

 

 

Danza cósmica

En algún lugar nació la luz…
está viva y de su existencia nacimos todos nosotros;
ella, la mensajera de la vida,
contiene la información del universo.

De allí parece que somos,
de esas mágicas combinaciones,
de nebulosas, madres gigantes,
energías de colores,
creadoras de estrellas.

De la fuerza que atrae, que choca, ¡que explota!,
que se silencia, se disipa, que se calma;
se incorpora y que vuelve a brillar…

Somos esa luz que percibe luz,
la materia es solo un espejo
y en su reflejo, está el destello
del principio de lo eterno.

 

 

Mutando
(Inglaterra, 2019)

Dejar tu tierra natal significa morir un poco,
el dolor del desarraigo se asemeja al del duelo,
tu propio duelo.

Los paisajes, la cultura, las personas, desvaneciéndose,
solo residuos, solo lazos
deshilvanándose en memorias
de lo intangible,
de lo lejano.

Es morir un poco,
matar lo que fuimos
para renacer en algo nuevo,
para transformarnos en un híbrido,
colectivo, diferente,
que nunca se identifica nuevamente.

Dejar tu país te convierte en un “inmigrante”
que no pertenece del todo,
pero que día a día trata de ser.

Hacer de esta nostalgia una piedra sin tiempo,
un homenaje a lo que una vez fuimos.

 

 

Reborn

De la nada, del insomnio,
de la imposibilidad de una nueva vida,
un viaje a lo lejano, años luz de aquí…

Una expedición a lo abstracto de un agujero negro,
una transformación de materia a energía,
una posible destrucción y un renacimiento.

Allá lejos, en un remoto lugar del universo
quiero volver a nacer.

 

 

Retorno
(Bolivia, diciembre 2021)

Encontrar paz en este ocaso estelar,
respirar su aire perfumado de caramelo.
Una orquesta de aves
se une al dulce naranja de mi cielo.

Tiempos de verano que añoraba tanto…
hoy el sol tocó nuevamente mi corazón,
su luz me besa la frente como un padre
suavemente al despedirse.

Y aquellas montañas verdes,
lomos de gigantes ancestrales,
pintan el horizonte ondulante
donde se posan eternos mis ojos.

Mágica tierra en el sur,
soy feliz,
he vuelto a casa.

 

 

Sobre el alma

El alma como sustancia perecedera,
un hálito de fuego,
una sombra, pero real en el sueño.

El alma como principio de vida, algo que se opone al cuerpo
y el cuerpo como materia, donde el alma es la sustancia subjetiva,
la cede de sus afectos,
la esencia que retorna a la patria espiritual…

Juntos formando un universo,
cargando la memoria ancestral
a través del espacio-tiempo.

 

 

A mi padre
(Bolivia, Abril, 2022)

Vuelvo al sur,
en otoño la ciudad
y el crujir de las hojas al viento.

Vuelvo al sur,
a la tierra sin océano,
a los ocasos entre las montañas,
a los colores brillantes, al cielo azul.

Vuelvo al sur,
a mi origen,
vuelvo al centro de todo
y no estás tú…

Un vacío,
una guitarra muda,
un silencio que será eterno sin tu voz.

Mi sur está ahora sin estrellas
en estas largas noches en vela,
de ausencia, de inmensa pena.

Mirando al horizonte, te busco
sintiendo el sol de otoño apagándose en el paisaje
recuerdo que no estás,
que las calles y la gente,
que los cerros y este sur
te tuvieron en vida, te sintieron y amaron…

Hijo de lo profundo de la tierra,
hijo de la vida y la conciencia,
parte mía y soledad,
vuelve al principio de este infinito
y en sueños siempre, siempre vuelve a mí.

 

 

Melancolía

El aire de este atardecer, todavía cálido
mece las semillas primaverales
que rendidas y en silencio, se dejan llevar a su suerte.

El crepúsculo se torna espeso
y en él, un recuerdo se detiene,
todo parece tan sola una historia…

Hoy el sol ardió en llamas todo el día
y ahora, girando lentamente nos alejamos de su calor,
entibiando este lado del mundo.

Esta distancia,
entre el sol y la tierra, entre tú y yo
difumina los contornos y desgasta el color de nuestros recuerdos,
aun más al adentrarnos de a poco al gris de la noche,
unicolor de un limbo semi-estático de despedida,
de ausencia.

Amar desde lejos,
pensar en el viento viajante,
pensar que me abrazas con el manto de este ocaso.

Despedirme de ti, una y otra vez
en cada suspiro…

Tú, mi corazón débil
y mi temor hecho realidad.

 

 

Fluctuando

Una forma amorfa ondulando,
una respiración luminosa, plateada,
adentro, afuera, arriba y abajo, latiendo…

Una respiración y un sueño,
un lugar hacia lo ajeno,
un recuerdo de otra vida,
un universo paralelo.

La caverna
un secreto profundo,
un absurdo incomprensible,
un espejismo en un desierto.

¿Para qué saber?,
¿por qué entender? ,
¿dónde ir?,
¿desde dónde venir?.

Un hoy, un mañana
y quizás, ¿no hay un tal vez
en este maravilloso absurdo
hecho real?

 

 

Uno

Ser ella,
ser ese pedazo de roca viva,
vestir sus brazos,
recorrer sus venas,
percibir el murmullo que late desde adentro, desde su seno
que crece, que brota,
se impregna en el aire.

Ser el mar que se mece,
que luego danza y gira,
delirante sus olas agita…

Ser su conciencia, que aprende
de cada luz y oscuridad.

Ser uno, ser todo,
ser nosotros con la tierra
un organismo,
un corazón.

 

 

Otra vez otoño

Escuchar la lenta agonía del otoño,
la lluvia cae fría y agitada con el viento, desviste a los arboles….
Todo se prepara para entrar en la muerte dormida.

El paisaje susurra, gime, llora despacio,
todo lo que tuvo una vez es removido de su cuerpo,
pero no de su conciencia,
entonces recuerda
y es ese recuerdo de la vida, del color y la belleza que le duele;
la nostalgia de haber sido uno
y la separación eterna,
porque, aunque la resiliente primavera se acerque,
nunca será el mismo paisaje,
ni el color, ni el mismo aroma en el aire…

 

 

María Luisa

Navegaste por el río de la vida
y no alcanzaste a ver el mar,
tu propio compañero sería el Caín de tu historia,
una historia y un triste final…

Interrumpido tu viaje
abruptamente contra la pared de tu propio hogar;
el hombre que amaste te arrebató el corazón
y su violencia lo inmovilizó para siempre.

La justicia sigue siendo ciega aquí en esta tierra,
sus ojos están vendados de corrupción,
la maldad existe y a veces puede ser más poderosa que el bien,
pero ante ti estamos, tu sangre, la verdad y la palabra…

Te alzamos en el aire y tus pétalos vuelan en libertad,
tu recuerdo vive para siempre
porque nuestro amor no viaja en soledad.

 

 

Lo que hubiera sido

Aquí o allá,
ayer, hoy o mañana,
las decisiones tomadas
las diferentes posibilidades…

Mundos paralelos que se ven solo en sueños,
imágenes por entender,
portales hacia otras dimensiones,
lo que ves no es,
lo que sientes, en otro mundo no sería.

En los recuerdos buscar,
encontrar el enigma y las respuestas
de una realidad entrelazada,
de la inversión temporal
donde está el yo que soy
y el que no soy a la vez, pero está.

 

 

Habitación

Hoy recuerdo las aves blancas en vuelo
y las nubes dibujadas en mi habitación de la infancia.

Las paredes que observaba cada mañana
tenían un amanecer color rosa, era mi nuevo hogar,
el que creaste para mí, el que decidiste tener,
del que años más tarde partí.

Fuiste mi vuelta a casa,
la que después de visitar debía nuevamente dejar,
rompiéndose mi corazón en cada despedida…

Esas paredes no existen más,
se agrietaron, colapsaron,
un huracán despiadado se llevó a mis aves blancas y a mi cielo rosa,
se fueron lejos con el viento
hacia el sol,
disolviéndose en su luz y formando parte de ella.

Aquí quedamos en un eterno y tenue atardecer de otoño, estático y en duelo,
recordando las paredes de aquella habitación de mi infancia, la primera
y el amor de papá…

 

 

Desde lo profundo

Esa es mi verdad,
desde donde mi muda inconsciencia habla,
desde los más recónditos espacios que albergan sentimientos,
aunque que son todavía etéreos
son en el fondo certeros.

Los sueños
en los que aparecen tú y ellos,
algunos de mis ancestros,
abstractas entidades
que me anuncian, me cuestionan,
me muestran y reflejan
todo mi Ser…

Ahí está mi verdad
en lo profundo de una caverna
donde resplandecen como cristales
los recuerdos y sus emociones
de lo vivido y lo que vendrá.

Todo allí,
todo y nada soy,
fui y seré.

 

 

Transmutación

La humedad del frío invierno,
el olor a musgo y naturaleza en descomposición
penetrando por el cristal.

Afuera los árboles durmientes del norte
susurran entre sueños,
mantras de un meditativo silencio
para su muerte y su futura resurrección.

Este día caminaré por el bosque hibernante,
cada paso será un crujir de esqueletos,
naturaleza muerta a punto de integrarse y fundirse
al oscuro color del suelo;
entrando a una larga preparación para luego dar vida nuevamente
cuando por fin se acerque el sol.

En la transparencia de esa hoja de invierno y su mutación
estará tu recuerdo…

 

 

Buscando refugio

Ten compasión
con el que no puede,
siente su pena, no es porque quiere,
las olas ya golpearon suficiente su barco y su tragedia.

Su llanto parece tan solo una historia,
su voz no llega,
detenida por una barrera de ojos y balas
con grietas filtrando solo temor
y afilando egoísmo.

Como si no fueran también humanos.
Como si las mariposas no emigraran hacia el sol
por milenios
escapando de la muerte;
libélulas atravesando un océano para sobrevivir,
como todos lo hemos hecho por siempre, naturalmente
fluctuando en nuestro mundo,
en nuestra tierra.

Como las alas de los pájaros moldeando el viento,
los lomos brillantes de ballenas bajo las estrellas,
por los libres senderos de este mundo.

 

 

Lo que cambió

Un eslabón
aterrado, sin tiempo,
en un lugar lejos de casa,
lejos del ojo de la tormenta
de un hogar en destrucción
donde llueven bombas en vez de estrellas.

Una razón, un propósito, una huida…
por los fuertes lazos del afecto
que se aferran cual raíces a tus brazos,
los corazones se vuelven uno
al sentirse presos del miedo;
eres un eslabón.

Tu sangre correrá por ríos nuevos
llegando más allá de lo que alcanzarás a ver,
pero tú te quedas aquí, en esta nueva tierra sin guerra,
en una aparente y “civilizada” calma.
Como una estaca profunda, clavas tu bandera blanca
pidiendo acogida a quienes no tienen clemencia.

Y tú, casi subterráneo cuerpo inmóvil,
con la boca cubierta de arena y barro,
invisible ser, ignorado llanto.

Un eslabón,
un destino sin azar,
una inconsciente espera
de un esperanzado devenir.

La duda de cambiar el rumbo
termina en una ofrenda a lo ajeno
en sacrificio a una difusa ilusión.

Mirando al frente
pese al álgido viento de cada mañana,
con el pasado grabado en la frente
continúas respirando.

De pie por ellos, los afectos.
Ser un eslabón.

 

 

Una pintura

En el sigilo de una noche de invierno
sopla suave y mortal el viento del norte.

Allí los árboles murmuran su quebranto,
los animales de la noche tímidos susurran,
de repente el frío se hace melodía,
la nieve comienza a bailar al compás.

La luna lucha por entregar su luz,
entre las nubes extiende sus brazos
para alumbrar nuestros pasos.

En una superficie pálida del bosque
yace una vida entre la vida,
ya no siente sus propias manos,
su sangre está pausándose,
entumecido se detiene su corazón.

La nieve cesa y la luna triunfal
con sus rayos envuelve el cuerpo helado,
se incorpora la muerte a la vida,
se hace uno el paisaje.

Silenciosa noche de invierno
en el umbral de esta aurora te lloraré.

 

 

Premoniciones de un final

Soñé con el color de un eterno ocaso, casi ciego,
que respiró pesadamente
los vestigios de una fatalidad.

Soñé con un oscuro naranja-cobre rojizo
abrazado a un manto de seda negra,
pesado, fundiéndose con el horizonte.

Y allí, el mar
que se tragaba todo
y al alejarse revelaba un cementerio de metales muertos,
parte del fin de una batalla.

Naves descuartizadas,
hundidas en la fina arena,
tibio suelo
después del fuego.

Seres humanos, animales y naturaleza viviendo en estado de alerta
y por sus venas, corriendo el miedo
de ver el infierno hecho realidad.

Sigiloso crepúsculo,
pasos callados
hacia un refugio,
el peligro aún no ha terminado…

 

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