Martín Cerisola | Brasil

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Martín Cerisola (1979, Porto Alegre, Brasil) es Licenciado en Letras, docente y  escritor. Ha trabajado en diversos centros educativos para personas con TEA (Trastorno del  espectro autista) y desde el 2015 trabaja en el Ministerio de Educación y Cultura como tallerista de mediación a la lengua en cárceles de Montevideo, Canelones,  Maldonado y Colonia. Mención de honor en el concurso de poesía Juan Carlos Onetti (IMM / 2012) por el  libro Inicio y después. Ha obtenido mención de honor en el Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Educación  y Cultura (MEC) por el libro Perseguir (Editorial Estuario, 2012). Beca FEFCA 2020 y Beca que otorga el estado uruguayo para estudios de Posgrado.

 

Poesía

  • Perseguir (Editorial Estuario, Montevideo, 2012).
  • Sílex (La coqueta editora, Montevideo, 2018).

Ensayo

  • La escritura y la naturaleza en la poesía de Hugo Mujica.  (Ensayo sobre la obra poética de Hugo Mujica publicado en Editorial Académica  Española, España, 2012).
  • Otros bordes, otras luces.  Antología poética de Hugo Mujica.  (Selección antológica y prólogo). (Editorial HUM, Montevideo, 2014).
  • Tomar la palabra. La mediación a la lectura y la escritura en propuestas educativas del Programa  Aprender Siempre en cárceles de Uruguay. Co-autoría con el equipo de Mediación a la lectura y la escritura del PNEC / MEC. Publicación de la Dirección Nacional de Educación / MEC con el apoyo de Unesco Corea / 2021. 

Antologado

  • Poet-tree. Department of Languages, literatures and lingüistic / York University / Canadá /  2015. María Figueredo, compiladora.
  • América invertida: An anthology of emerging uruguayan poets. University of New Mexico Press / 2016. Jesse Lee Kercheval, compiladora.
  • De divina proporción. Muestra de poesía uruguaya contemporánea. La coqueta editora / 2017.  

 

  • Diego de Ávila
  • Sebastián Rivero
  • Guillermina Sartor
  • José Arenas
  • Gonzalo Baz

 

 

Martín Cerisola

 

 

(De Perseguir, 2012)

1.

No. No estará el ángel en nuestras manos.
¿Por qué insistimos entonces?
¿Por qué hundimos las uñas?
Cada vez una mentira que nos salva; un amor que fabricamos, un amor que nos redime.
Y el desencanto.

Este no escuchar caricias, porque todo lo que llega es ruido; porque todo lo que llega sobra.
Porque todo lo que sentimos cerca

-con miedo, con olfato, con deseose hace nada.
Y necesitamos gritos, para seguir sintiendo.

 

2.

Es la gestación.
La oscuridad y el silencio.
Su duración, ajena.
Se atraviesa en vilo.
Se escuchan ciertas huellas que se borran. Hay una luz que llega y va abriéndose en un
suave emerger de las cosas; luego declina.

Nada permanece igual a sí mismo. Como el viento en las formas del agua.
Todo es saber partir, dejar atrás, cada vez, soltar, a ciegas, y seguir.

Entender es después.

 

3.

Hubo un ángel animal.
En qué mundo digo esto no lo sé; pero lo hubo.
Ahora vuelvo con la voz vencida, todo lo que mira despedaza; nada tiene aquella desnudez.
Una vez dije basta, nada más, y llovieron los milagros como si tuviera que morir para
dejarlos florecerse.

Eso fue subir, y haber caído.

Hubo un ángel que a veces era blanco y otras veces escarcha.

 

4.

Soltar la hermosura.
Como si fuera sin límites hacia el mar de la garganta.
Metal, canción; cardumen.

Esa herida.
Es niña.

No dejes que la cicatriz la alcance.
No la mires.

 

5.

Se aleja, se arrima al borde; mis brazos no la alcanzan.
La veo caer, la conmoción de su soltarse; el impacto.
La veo tendida abajo. Unos segundos fijos en esa imagen de su cuerpo roto.
Palpitaciones desencajadas.

Luego, poco a poco, restablece sus miembros.
Al cabo se levanta, lentamente; se va.

Mis ojos quedan libres de ella.

 

(De Sílex, 2018)

 

1.

Luego, más abajo, un río atravesaba las piedras. Bajaba furioso, y todo empezaba a
llenarse de verdor en sus bordes. Las piedras eran gigantes. Podía caminarse sobre ellas, y
al recostarte sentías su calor entrándote en los huesos. Saltábamos de una en una en un
ritmo que ya no era nuestro, que se apoderaba de nosotros, como si ellas nos dijeran por
dónde, entre la maleza y las espinas, que nos dejaban rastros de sangre en los tobillos.
Yo sentía en esas heridas una euforia que crecía. Latían al sol, expuestas, enrojecían.

¿Quieres que nademos un rato?

–Me dijo–.

 

2.

La vida está despierta.
La vida se abre.
Cada vez.
Invita.

Y en silencio, sin que nadie lo advierta, el amor sucede.
Se cumple.

No hay nada más vivo que la vida secreta

 

3.

Una voz que se desate hasta el inicio.
Con la fuerza de lo no construido.
Una escritura liberada de literatura.
Una cercanía vibrante.

(Inéditos)

 

1.

Apetito de caza.
Como cuando al escribir quiero salir: lo ya dicho es un encierro.
Hay un hambre de lo que todavía no tiene nombre.
La aventura de escribir hacia un encuentro.

 

2.

Limo: sustrato de silencio en el que crece y pulsa.
Insospechada.
Hasta decirse.

 

3.

Hacía trazos como incisiones. Rasgaduras que después de cortar y pegar eran fragmentos
desprendidos. Colgajos que secaba en la luz y que el tiempo ajaba.

Después cosía.
Una puesta en cercanía de palabras que la escritura enseña.
A mirar con la mirada desnuda.
A decir una lengua.

Una experiencia que hace lengua

 

4.

Queríamos descartar todos los libros que nos habían acorralado, una lista interminable de
títulos y de autores que nos habían dejado en la orilla equivocada: queríamos vivir, y las
palabras sabían de antemano, así que zarpamos de ellas.

Nos burlábamos de todo al borde de la ruta, vida nueva nos brotaba en largas horas de
inocencia láctea en las noches y en las madrugadas animales.

Yo ensuciaba tu cuerpo, vos ensuciabas el mío.
Nos hacíamos humanos en ese hundimiento.
Nos hacíamos hermanos.

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