Carina Sedevich | Argentina

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Carina Sedevich nació en Santa Fe de la Vera Cruz, Argentina, en 1972. Su obra poética ha sido publicada en diversos países de Europa, Asia, Norteamérica y Latinoamérica y traducida al inglés, al chino, al portugués, al italiano, al polaco y al catalán. Entre otras distinciones, recibió el Premio de Poesía José Pedroni 2022 por Un pez en un cauce que mengua, su libro más reciente. Fue invitada a participar de los más relevantes festivales internacionales de poesía de Argentina, Colombia, Uruguay, Venezuela, entre otros. Se graduó en Ciencias de la Comunicación y se especializó en Semiótica. Dirige Revista Ardea, publicación digital de arte, ciencia y cultura, desde la Secretaría de Comunicación Institucional de la Universidad Nacional de Villa María, Córdoba, Argentina.

Poesía

  • La violencia de los nombres, 1998.
  • Nosotros No, 2000.
  • Cosas dentro de otra cosa, 2000.
  • Como segando un cariño oscuro, 2012.
  • Incombustible, 2013 (Argentina – España).
  • Escribió Dickinson, 2014.
  • Klimt, 2015 (Argentina – España).
  • Gibraltar, 2015.
  • Un cardo ruso, 2016 (Argentina – Brasil).
  • Cuadernos de Lolog, 2017.
  • Lavar a la madre, 2017.
  • Los budas y otros poemas, 2017 – Antología.
  • Lejanas bengalas estallan, 2018.
  • Flor cineraria, 2019.
  • Grandes metales oscilantes crujen, 2019.
  • Cuando la muerte sorprendió a Fassbinder, 2020.
  • Krishnamurti, 2021.
  • Rosados cuerpos de pinos, 2022 (Chile) – Antología.
  • Un pez en un cauce que mengua, 2023.
  • Junto al agua que el sol constela, blando, 2024 – Antología.

 

 

Carina Sedevich

(Selección de poemas Un pez en un cauce que mengua, Argentina, 2023)

 

 

(Del capítulo Y las constelaciones de los árboles)

 

 


En el viento puro de la noche de invierno

se agitan trapos enredados en alambres

y las constelaciones de los árboles
signan el cielo con sus primeros brotes.

 

*

El cosmos lleno de sonidos fantasmales.
El corazón de mi nieta en el teléfono.

Del capítulo Veloces corceles nocturnos

Hijo, tu hija llora.

Alrededor de ese fuego
hay que danzar.
Frente a ese mínimo altar
hay que inclinarse.

Mitigar.
Mitigar
el dolor de existir.

Le vamos a enseñar palabras para eso.

 

*

Ni siquiera la verdad me deja muda.

Es un Axis Mundi
la palabra
como cualquier otro.

Frágil.

 

 

(Del capítulo Ayer es un templo quemado)

 

Cuando estás vivo
ayer es un templo quemado.

Y mañana también.

 

*

En el lento
descenso de las hojas
me miro con piedad.

 

*

Cada hoja es gloriosa en su caída
y en su lentísima descomposición.

 

*

De los brotes que tiemblan al final de las ramas
al tronco fogueado del que todo proviene

tantos amarillos en el mismo árbol,
otoño.

Del capítulo Una criatura más del río

El pájaro sin nombre que viene cada día
abre sus alas sobre la basura
y muestra la pura simetría de su pecho.

 

*

Al misterioso discurrir del río
lo comprende el cielo congelado.

 

*

Al terso banco de arena bajan los pájaros.
En un rosario de ruidos cae una hoja.
La luna queda vacía como una crisálida.

 

 


(Del capítulo Entre las ramas bajas del Christmas Tree)

 


Ingreso al tiempo en que cada acción es vida o muerte.

El cuerpo responde al miedo, al hambre, al dolor.

La distancia entre los signos se estrecha.

El silencio existe. Es un milagro:
se deshace en el primer canto del tūī.

 

*

Ingreso al tiempo divino en que no existo.

Soy pura materia atravesada.

Sostengo entre mis brazos un bebé.

 

*

Subo la colina. Voy entrando
en los ojos de la vaca más cercana
a la casa blanca, donde duerme mi nieta.
El tiempo es curvo, pedregoso, verde,
y el camino que sube
es también el que baja.

 

*

Mil calas se abren cada tarde
junto al camino

Irina

que me lleva a tu casa.

Gruesas, oleosas

llamas

que no nos van a
alcanzar.

 

 

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