Carlos Henrickson | Chile

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BiografíaPublicaciones

Carlos Henrickson nació en Santiago de Chile el 31 de mayo de 1974. Escritor, traductor y ensayista.

Poesía

  • An Old Blues Songbook (Santiago: Ed. del Temple, 2006)
  • 44 canciones realistas (Santiago: Pez Espiral, 2015)
  • Lumbre y portazos. Ejercicios estilo (Plaquette. Valparaíso: Inubicalistas, 2018)
  • La Conquista. Sección I del Libro de La Fundación (Lyon: Grand Trou, 2020)

Cuento

  • Siete pagos (Valparaíso: Narrativa Punto Aparte, 2019)
  • Esplendor (Valparaíso: Narrativa Punto Aparte, 2011)

Traducciones

  • Lev Tolstoy
  • Marina Tzvetáyeva
  • Vladimir Mayakovsky, entre otros autores.

 

Carlos Henrickson

 

 

ABUSO DE MENORES

Compasión, sufrir lo que sufres, así
me quiebro un pie, un brazo –los ojos
me arranco si se exige. Es sabido

el llanto cuando logran enfrente
ponerse de pie; proyectados sobre
el cuerpo pleno, denso y sólido

de la Patria, compacto y sin vacíos.
Ponen siempre firme el pecho,
y el orgullo en los ojos: son

los mismos que sin rendirse luchan,
que no temen la muerte, que se dieron,
se entregaron –nada más bello jamás.

Se les ve en la oferta, cómo se dan
al ojo, más acá del plasma. A veces
son tres, cuatro, diez, llegan desde

piezas cerradas, desde carreteras
extensas, desde cada rincón del ancho
mundo. ¿Han visto sus miradas, frías,

huecas? ¿El suelto gesto de las ropas
arrancadas, el calzón deslizándose?
Como horizontales hadas sin historia,

mas sabemos que sí la tienen; la historia
es atributo del cuerpo. Ya es fantasía
geométrica este microcosmos, la base

de la célula es el tiempo –un tejido
madura antes y el otro después, hay
el que se demora y hay tragedias:

viéranse gritar en las salas de parto,
la culpa ancestral: ya no el barranco,
la mano apretada en la garganta.

Al menos el deseo de otra cosa ahí,
siempre –el sueño de un jardín, perros
en jauría ferviente bajo el sol, bichos y

mariposas; el sendero, la piscina.
Esto es: el don social, el progreso
personal, la edénica promesa. Pero

no se cumplen los votos; todas
las muchachas se dan pasadas las seis,
pierden, ganan, lloran, transparentes

sus vidas hacen –y es una sublime
dimensión de la vergüenza, ya que
también tienen deseo, pero eso sí:

esto no se ve. Siempre la secuencia
detenida cuando el cuello perfecto
cae sobre el otro cuello perfecto;

además ese, quién ese que registra,
sino nuestra imagen en el hotel: miren,
vean ya ese darse. Son nuestras ofrecidas,

y no dejan de darse, hoy mías y tuyas,
de todos de una y a la vez, cuando nadie,
nadie más acá y el calor, el hastío fatal.

¿Un dilema su propiedad pública? Hay
ladrillos siempre, y espacios vacantes,
perros que vagan sin destino cuando solo

hay cuatro muros de cemento y fierros
en nudo cerrado: se huelen, se maltratan,
y también se ofrecen para que más pobres,

pequeños seres sin casa ni ayuda ni mano
solidaria –y nadie habla ni puede hablar
de amor acá. Crecen en las propiedades

de nadie esos monstruos y desde el hueco
que el tiempo crea los vemos, gozamos
su inocencia, su desprotección gloriosa

-los que deben ser protegidos, el futuro,
la mirada clara, el bien superior. Y ni
asoman la cabecita, no los vayan las bestias

a comer, quédense en casa; véanlos marchar
cada cual más desafortunado que el otro
bajo la luz eléctrica, los carteles gigantes.

¿Y los gritos? –porque calladamente se dan
estos niños, silenciosos para que des la mano
solidaria, seas uno y nada dentro del cuerpo

pleno de la Patria. Olvidamos la muerte,
las manos cortadas, el insulto de ayer
y también el doloroso, torcido lomo.

Porque se deja de ser uno cuando
ondea el trapo o suenan broooms broooms,
no se es ya el de ayer. La inocencia

dejamos en oscuros sótanos, accedemos
y de una vez a esta multitud sin nombres.
Qué que te corten los pies, qué que empujados

de cabeza mientras el ángelus, qué más da
el subterráneo, el olor a mierda, qué las cadenas;
de dónde estos escrúpulos si ya lo vimos

todo. Amarrados, con los propios ojos
los amarré; muerto y repartido en siete
pisé cada vereda de la mano, del brazo,

la cabeza cortada. Por eso, ahora, me ven:
roja la suela del zapato. Es la sangre
de héroes ofrecidos al abismo apenas

a la luz abiertos, para que compres
cada tarde el pan y la cerveza, para
el jardín, el ocaso en la ventana. El mundo,

compasivo, sus muertos ofrece. Ante
el plasma sufrimos, vivos y manchados
de ese placer ajeno, de su muerte

incompleta –pues vivos en esa, la realidad,
sufren y gozan. La compasión es –en nosotros-
esto solo:

un dolor fantasma.

 

 

DESPEÑADERROMANCE

Se ensarta, se ensalza, se enlaza el poeta
A su abismo. Es de agua
Su espejo de lágrima, de alma
Sencilla que se alza en lo heroico.
En medio del campo quemado ahí va,
Solitario, cojeando, da pena, le duele
Ah, le duele la explotación, la explosión y hasta
La exposición, pasa que no puede
Creer lo que sus propios, sus propios
Ojos. Alguien con dos rayitas o sin rayitas, alguien
Sin bastidor ni guion y ahí ven la obra cuando
Ah cuando a él le duele, le duele la escisión,
La separación del mundo y abraza su reflejo sabiendo
Que ni Hegel ni Heráclito ni Milei quebrará
El reflejo del agua, se ensarta, se ensalza,
Se enlaza en la pena el poeta a su abismo,
Se le caen los ojos llorando al tiempo
Que todo el mundo llora, porque quién
No llora ante el poético planto pia-
Dosísimo. Denle de comer que no ha comido,
y amor y, para el estilo… a Gaza para que aprenda el verso
Humano, o a soñar con Lorca o Hernández,
A que se eche solito a la fosa, que solo
Se encierre. Ah como es que todavía no le queman
Las manos; en su lugar ya cualquiera se las cortaba
Solo. O al sartén. O a la hoguera, o esperar
Que el imperialismo se entere de que él
Está ahí, y caiga sobre su cabeza.
No le dejan aplicar la digna justicia del verso
Sobre su pobre país –todos los países
En que pone los ojos son pobres y en el que pone
Sus pies, ah que es puro llanto, señores.
Tembleques de justicia sus maestros
Salen y entran de la iglesia, y él en la esquina
Se atiborra de cerveza mirando su estampa mísera y traslúcida
La eterna sed de justicia detrás de los restos.
Se ensarta, se enlaza ferviente a sus maestros
Del arte, quieren que llore el mundo al verlo como a ellos
Los miran y lloran mientras la medalla, los honoris causa.
Toda la historia se reúne en ellos, y en él
Solo un premio o dos, y un fondo que reproduce
Los colores de su pobre patria junto a su nombre
Y su verso. Ah córtenle las manos, y el aliento
Saldrá más puro y sagrado. Su sagrada poesía
Irá directo a los muros del ministerio de Salud,
Se imprimirá en las papeletas de la AFP estatal
Junto a los salmos de David y las garantías estatales
Sobre los costos de administración. No vuelva más ya
El poeta al escritorio, que no se manche las manos
Con la saliva de los escupos que le ha echado
Cada vez que muestran las marchas en la tele,
Cada vez que el odio a sí mismo y el amor al mundo,
Al niño, al perro, a la ballena sea matriz espléndida
Para que se rebele su ser revelado.
Arda en su justicia santo, tenga la cruz,
Llévela a la colina esa allá arriba, donde
Crucificaban –de verdad- a la gente,
Pase unos días en la parte de abajo, ahí, en el
subterráneo
Donde bombardearon hace más de cuarenta,
Renazca iluminado con su buen pisco sour
En Providencia con Raúl
Deje de temblar, duérmase de una buena
Vez.

 

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