Juan Carreño | Chile

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Juan Carreño (Rancagua, 1986) Escritor. En conjunto con la Escuela Popular de Cine FECISO ha realizado los cortometrajes «Santo Tomás, entre la iglesia y los pacos» (2011) y «Hola mi nombre es Oscar Lucero i les tengo una pregunta» (2018). Sus libros han sido publicados tanto en Chile como Argentina, Perú, Bolivia y México. Ha sido becario de la Fundación Pablo Neruda (2011) y tiene estudios en novela moderna en la Universidad Claustro de Sor Juana (Ciudad de México, 2018) y Antropología (Universidad Academia de Humanismo Cristiano, 2006). El 2021 forma parte de la Residencia para escritores de la Fundación Faberllul Olot, en Cataluña, España. Actualmente dirige el taller de escritura creativa «Estamos muy lejos de La Pintana?», y es parte del equipo de trabajo de la primera biblioteca comunitaria que se está levantando en el barrio.

 

Poesía

  • «Compro Fierro» (2010)
  • «Bomba bencina» (2012)
  • «Oxicorte» (2016)
  • «Punta de Lobos» (2017)
  • «La Visión de los Tagadás» (2019)
  • «Paramar» (2019)
  • «Exvotos» (2022)
  • «Trópico Parafina» (poesía reunida, 2023)
  • «Mar vivo mar muerto» (2023)

Novela

  • «Budnik» (2016)
  • «Hombre Cero» (2020)

Crónica

  • «Neozona» (Ediciones UDP, 2020)
  • «Ir a La Trinchera» (2015)

Novela gráfica

  • «Ultrabiblia» (2021)

Narrativa

  • «El camino a Cristo» (2023)

  • Josefina González
  • Francisco Ide
  • Germán Carrasco
  • Martín Cinzano
  • Gloria sepúlveda

 

 

Juan Carreño

 

 

(de El camino a Cristo, 2023)

 

de cuando el fuego habla

 

Y así pasó el verano sin playa y así pasó el otoño donde me dio el covid y vi cómo el encierro empañaba por fuera mi ventana y el invierno se instaló como una cabra que se come la albahaca de la huerta comunitaria o como un niño que recoge una liebre muerta a la orilla de la carretera ahora que no quedé tan sano atravieso la niebla como un himno buscando donde vendan parafina para comprar dos litros que cunden unas 4 horas y llené la estufa orándole a dios que porfa no me falte el calor porque con frío no escribo ni mierda me duelen los dedos en el teclado se me enchueca la espalda de tanta silla con frío no puedo escribir puro que dan ganas de chupar de fumar cigarro tras cigarro aunque si no corre viento al interior de tu casa igual se aguanta y se escribe algún poema desafortunado pero si hay parafina y hay estufa y aunque la mecha sea corta igual calor proveerá y así me puse frente a la pantalla trizada del compu y más disperso que Hans Pozo no me hallaba no me sentía con el flow yo decía tal vez la pandemia como un licor me hubiera deshecho la lengua y no tuviera nada que decir quizás porque no estaba enamorado o porque me gusta quedar pobre porque la pobreza me concentra pero uno crece y lo que resulta una vez después quizás no y caí en la duda y en la duda no escribo y estaba yo instalado en el hastío de la creación o sea en la antesala del odio cuando se corta la luz en toda la población y mi computador sin batería se apaga junto a todos esos words a los que dediqué mi vida venturosa y en la oscuridad de mi oficina frente a la estufa a parafina aún encendida con su ollla con agua y hojas de eucaliptus encima ya habían pasado más de 4 horas y yo me preguntaba por qué me estaba durando tanto la estufa prendida mi Sindelen mi Eterna 6000 que comencé a cantar despacito viernes tres aeme de Charly y esa de Eros Ramasoti que dice no puede haber desgracia semejante y lloré hermanita mía las lágrimas me mojaban las tetillas y fue cuando estaba en esto que la estufa a parafina me habló, me dijo:

-MANOLO, MANOLO.

Y yo le dije:

-Qué sucede.

-SIÉNTATE EN EL SUELO FRENTE A MÍ.

Puse una biblia sobre las baldosas para sentarme y me dijo:

-YO SOY EL HIJO DE LA MADEMZA, SOY HIJO DE LA SOMELA Y SÉ POR LO QUE ESTÁS PASANDO.

Y pregunté:

-¿Quién eres?

-YO SOY EL QUE SOY NO MÁS.

-¿Porque sí?

-PORQUE SÍ. Y ESCUCHA BIEN ESTAS PALABRAS. SOY LA ESTUFA INCANDECENTE. SOY LA PARAFINA INFINITA. SOBRE MÍ HABITA EL ALIENTO DE MONTAÑA DESPUÉS DE LA LLUVIA QUE CAE SOBRE MIS HIJOS EN SANTIAGO, DONDE LOS POBRES NO PUEDEN HACER FUEGO, DONDE SON LOS BARRIOS RICOS LOS QUE SIGUEN QUEMANDO LEÑA EN SUS CHIMENEAS. SANTO ESPÍRITU DE LA PARAFINA. ACEITE DE CIELO, TUESTA EL PAN, CALIENTA LOS POROTOS, DERRITE EL CHOCOLATE DE 10 PESOS. PERMITAMOS QUE EL MANOLO ESCRIBA ESTAS PALABRAS, ANOTA, GUACHO:
UNA CAJA DE MERCADERÍA POR CADA COVID. VACUNAS SEMESTRALES.
SU TONTO BONO.

AUREORAS BOREALES EN LA PIEL.

SE TE PEGARÁN LOS TELÉFONOS EN EL BRAZO…

Yo me cubrí el rostro porque sus palabras me quemaban y dolían me puse de pie y de una patada samurai volteé la estufa y ésta chorreó parafina que explotó gritando y comenzó a quemar las cortinas de la oficina y todo el segundo piso que era de madera una mediagua que duró un fósforo yo alcancé a arrancar sólo con el gato mientras mis vecinos arrojaban baldes con agua me vieras frente a las cenizas de mi casa al amanecer caminé sobre los

escombros removí con un palo los carbones y donde estaban los restos de la estufa a parafina achurrascada como un supermercado de estallido en su corazón seguía encendida y me dijo:

-¡MANOLO NO SEAI GUEÓN Y VOTA POR ORREGO!

Y ahí me dio toda la güeá con la estufa le pedí a mi vecino Norman que me fuera a comprar una java de pilsen que me bebí al seco y me puse a mear sobre la estufa que balbuceaba:

-TE VOI A LLENAR LA POBLA DE RATIS, AHGHARRSS, MANOLO CULIAO DESPAVILA, AHGAHRRSS, NO ME HAGAI ESTO YO TAMBIÉN VOTÉ APRUEBO, BRRRRRR, MANOLO, WGRRSSSS… QUE ESTO NO SE LE HACE AL PARTIDO DE ALLENDE Y LA GUEÁ, PRISSSSSGRRR…

Hombres y mujeres se pusieron a mear sobre la estufa a parafina, se formó un arcoíris con la brisa y las nubes de vapor fueron dominadas por les meantes para escribir en el cielo:

YO NO ME VACUNO, ME ORGANIZO.

 

 

 

yo también tengo derecho a Jerusalén

 

Esta es la historia de un amigo muy triste y yo no sé si contarla porque después andan puro diciendo que uno es cuentero, que de dónde salí y que a quién le he ganado para andar contando las historias que me pasan o que me cuentan, pero así me he ganado la vida en las cantinas de puertos que jamás pensé conocer, y ésta es la historia de mi amigo Jaime que se fue a conquistar Jerusalén por ti, por mí, por todos los compañeros:

al Jaime se lo comió el tiburón de Cachureos. Fue de esos niños raptados del programa y sacados de pantalla por el tiburón. Todos los niños sabíamos que el tiburón de Cachureos era de la CNI y que el cabezón Marcelo tenía una mafia oscura y poco talentosa de corpóreos que introdujeron el flagelo del plagio y “la orgía de la mediocridad” en las poblaciones, y que con la llegada de 31 Minutos se fueron a la mierda, quebraron. El Jaime me contó que el tiburón lo agarró y se lo llevó tras las cámaras, él lloraba del susto, sabía que le tocaba desaparecer.

-Pensé en que mis compañeros de la escuela me verían por la tele y podrían venir a rescatarme, pero la pura micro se demora más de una hora en llegar al centro, yo sabía que estaba perdido, me encomendé a mi hermana muerta y le pedí que ojalá no me torturaran tanto…

Pero el Jaime salió libre del canal de televisión y regresó a su casa, era un caso extraño que un niño saliera vivo de ahí, pero su cara ya no era la misma, había cambiado de un porrazo, de un suácate, era siempre como una mala foto de alguien que no sabe dónde mirar, era como si la realidad le incomodara y no quisiera participar de ella, yo lo vi, le tiraba las fichas del tacataca en la cara y no reaccionaba, lo pinchaba con alfileres y nada, todo esto fue antes que un día de lluvia, esos días en que sólo los más ñoños van al colegio porque quieren jugar ajedrez y escribir en esquelas el nombre de las personas que les gustan, que el Jaime escuchó en boca del Orlando, el de melenita Nick Carter, decir que un satánico llamado Marilyn Manson se había sacado una costilla para poder chuparse a sí mismo la pichula, y ahí el Jaime cambió para siempre, se puso oscuro, pálido, triste, tenaz en su pena.

Los años pasaron como un largo carrete de hombres jugando fifa plei esteichon.

-Ahora no puedo dejar de chuparme el pico-, me dijo hoy por guasap, antes de volver a vernos después de muchos años. al salir del colegio el Jaime invirtió en máquinas tragamonedas y en cigarros sin impuestos que cruzaba por Colchane explotando a familias venezolanas, así logró juntar la plata para sacarse parte del costillar.

Nos volvimos a encontrar anoche en Olot, Cataluña.

Me dijo que invirtió en puros negocios ilegales pero que nunca dio un paso tan grande como para que lo siguiera la PDI. Básicamente nunca se quemó. Le compró casa en Ciudad Satélite a su mamá, y como podía chuparse el pico a sí mismo no gastaba en actividades asociadas al amor. La autosatisfacción derivó en vacío. El vacío en la búsqueda. Y la búsqueda en pregunta. Y la respuesta a esta pregunta fue cristiana.

Pero antes de la respuesta el Jaime se pegaba temporadas de turismo sexual en Asia, África o Centroamérica, le gustaba jalar merca en moteles, solo, escuchando parejas culiar. Y ahí chuparse el pico. El Jaime se sentía exitoso y con derecho a hacer cualquier güeá.

El Jaime me contactó porque me seguía desde una cuenta falsa. Quería juntarse conmigo para contarme su historia. Soy como el Pablito Aguilera de la güeá, Pudahuel es mi radio. Me llevó esa noche a carretear con una novelista de Canarias, una pianista coreana, una traductora inglesa y un biógrafo argentino a un intento de plaza en un claro del bosque a los pies de Los Pirineos. Nos juntó para decirnos, mientras desplegaba un botiquín con sustancias:

-Ustedes saben mi historia. Me comió el tiburón de Cachureos, trafiqué y me saqué unas costillas, recorrí el mundo chupándome la corneta, y los he reunido acá en Olot con un propósito, el de convencerlos de que también tenemos derecho a Jerusalén, pero que antes que me digan algo, porfa, pónganse esto debajo de la lengua y caminemos por el bosque un ratito.

El Jaime se puso a llorar frente a sus mejores amigos que éramos nosotros, que comenzábamos a montar esos volcanes extintos como si fuéramos el ritmo de luces navideñas con canciones sintetizadas.

Al finalizar el sendero, en un claro del bosque, el corazón, como una fruta madura, se me cayó. Como un diente podrido. El Jaime me dijo Juan, te llamé para que escribas nuevamente Jerusalén, Jesús me dijo que Jerusalén será de los flaites o no será, me dijo que hay que pasar de hablar en lenguas a escribir en lenguas para despertar el espíritu santo en la mente de las personas, ayúdame, te asegurarías un puesto en el cielo.

Y le escribí al muy conchetumare toda una Jerusalén desde La Pintana, fui expulsado de todas las iglesias de la zona, mi palabra se consideró peligrosa y me trataron de matar sin darme trabajo en lo que para mí ya no lo era. Me quisieron anular y ahora aquí estoy, recién aterrizao en Lisboa y me iré en bicicleta a Jerusalén. Pero no alcanzo a hacer nada de esto. Apenas lo pienso la pobreza me lancea. Y me dice que no me alcanza para comprar parafina.

Recuerdo lo último que me dijo el Jaime mientras ascendía al cielo cuando fue la segunda venida:

AUNQUE TE DEPORTEN, AUNQUE TE EQUIVOQUES, CUANDO TE INSULTEN DICIENDO HIJO DE LA COME ESTADO, NIETO DE LA MOJOJOJA, ANÓTALO TODO, CARROÑA, CARREÑO,
CARIÑO, yo me perdí la vida chupándome el pico, AUNQUE TE TRATEN DE AGUEONAO, mantén la calma, no te digo que te saques una costilla, CONFÍA EN ESTA FALTA DE GRAVEDAD PARA ESCRIBIR SIN PENSAR EN GANAR, que me escuchas amplificado mientras me lleva Jesús como a Vietnam o Stalingrado, recuerda que a nosotros también nos toca un pedazo de Jerusalén, que a nuestra facción algo de piedra o polvo que cubre sus calles nos pertenece, míranos, en pleno siglo 21 pensando que somos el cogollo del privilegio occidental y la historia facha se vuelve a repetir, es difícil coincidir en fiestas populares donde decir que la historia se repite, a veces tengo menos conciencia histórica que un minero del Teniente a quien le avergüenzan sus hijos ilegítimos, gente tuerca cabezona camionetas patonas y chupallas que imprimen videos, trancar en la medialuna todo esto, explicar lo que es Jerusalén en mi pasaje, hay biblioteca y pocos leen, y el tiempo me oxida como a la Ford f-100 de mi taita en Pichilemu, las monjas me dicen que no apunte con el dedo a los demás.

Cuando Jesús, pedazo de Shen-Long, nos dio tregua a los casi mil años sin poder morir, nos pidió un representante de la humanidad que hiciera la petición de beneficios antes de ir al infierno, y el Jaime fue el elegido.

Dios le preguntó:

-¿Qué tienes que alegar a favor de la humanidad?

Una performance, contestó el Jaime.

Y ante dios comenzó a chuparse el pico, lo que provocó una implosión galáctica, hoyo negro, gusano temporal y que ninguno de nosotros existiera pero que aún así pasaríamos, vidas tras vidas, por un dolor transcendental, divino.

 

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