Omar Cruz | Honduras

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Omar Cruz (El Progreso, Yoro, Honduras, 1998). Estudiante de la carrera de Periodismo y Antropología en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Algunos de sus textos aparecen en diversas revistas literarias, periódicos de América y España. En el año 2022 fue finalista en el Concurso de Cuentos de Suspenso, Ciencia ficción y Misterio convocado por la revista literaria mexicana Inéditos y en 2023 ganó la Convocatoria de Ensayo Breve de la revista literaria Vuelo de Cuervos en España. Ha sido traducido parcialmente al inglés, catalán, italiano y al japonés.

Hologramas de ayer, hoy y para siempre (Atea Editorial, 2019).

 

  • Martín Cálix (Hondura)
  • Melissa Nungaray Blanco (México)
  • Alejandra Valverde Alfaro (Costa Rica)
  • Angie Másters (Guatemala)
  • Thiara Marcel (Honduras)

 

 

Omar Cruz

 

 

 

QUISIERA ESCRIBIRLE UN POEMA A MI MADRE

uno que no hable de mares embravecidos

ni de primaveras que se apagan

cuando la ira de los vientos se hace sentir

y arrasa con todo a su paso.

 

Uno que omita la barbarie

y no le diga que allá afuera

hay gaviotas mutiladas

que se desangran en el agua

mientras las aves rapaces

llegan a devorar

lo que queda de su cuerpo.

 

Quisiera escribirle un poema

que no hable de soles iracundos

que con cada rayo sentencian a muerte.

Quisiera escribirle algo que no hable

de dioses ausentes

y mucho menos de hombres de fe.

 

Quisiera decirle a mi madre

que el gris de sus cabellos

es el pasaje que obtuvo

para viajar a otros mundos

en donde su sonrisa es posible

y sus manos son pétalos de fuego

que supuran algunas heridas.

 

Quisiera escribirle un poema a mi madre

lleno de esperanza y lugares desconocidos

de montañas no desmembradas

y de sueños que no son utopías.

 

Un poema sin ángeles caídos

sin figuras retorcidas ni retóricas de muerte.

Un poema que la traiga de nuevo

para fraguar lo que queda de la vida.

 

 

 

A DÓNDE VAN LOS POEMAS QUE NADIE QUISO TERMINAR DE ESCRIBIR

 

Primero se extingue la luz

la luz que antes perforaba

todo a su paso.

De la mirada de los gatos

surge la forma de un candelabro

y la luz ya no vuelve

se queda atrapada en el vacío.

 

Esta noche

quisiera escribir sobre los hijos

no nacidos de los poetas

aquellos que decidieron no reconocer

o incluso los que dejaron abandonados

en alguna hoja de papel blanco

o en las teclas de una vieja computadora.

 

Esta noche frente a una hoguera

aparece el rostro de Baudelaire

y me pregunta en varias ocasiones:

qué haré con los poemas

que no terminé de escribir.

 

Esta noche es tan terrible

que también quisiera construir féretros

con los huesos de viejas palabras

y regar la ceniza que brota tras incinerar

el cadáver de algunos poemas.

 

Mi madre desde la lejanía me dice:

primero se extingue el fuego

y después la esencia de la luz.

Los poemas que nadie quiso

terminar de escribir

hoy moran en antiguas sepulturas

esperando volver a nacer.

 

 

ME NIEGO A SEGUIR SIENDO UNA BALA

 

Habitar en los tambores

recorrer la carne de los hombres

y las lágrimas de las mujeres

es un oficio en el que no pienso seguir.

 

Hay lugares que me entristecen

el corazón de un árbol

lo que se quiebra dentro de una botella

ahí no pienso volver

porque la rabia me consume

y mi plomo se apaga lentamente.

 

Ya no quiero ser una bala

y petrificar la sonrisa de una madre

mientras espera la llegada de su hijo

el beso color carmesí de su hija

o incluso el nombre del padre

en una oración que no tuvo cabida.

 

Todos creen que no tengo pesadillas

pero, a veces, dirigida por la locura

siento que el desenfreno me llama

y de mis partículas se apodera la ira

cuando el dedo índice lanza gritos

y me enseña otros caminos

caminos en donde nadie me espera

y en donde mi opaco nombre

parece quedar atrapado

en la lectura de alguna carta del evangelio.

 

Me niego a seguir siendo una bala

a creer que el calibre dice la verdad

a rezar el padre nuestro antes de salir expulsada

y creer que la muerte es mi mejor amiga.

 

Sentada frente a la pared

escupo lo que me queda de esperanza

ya no hay vuelta atrás

perforar desde todos lo puntos cardinales

y llevar el peso de la inquisición

es algo así como mi condena

y mi apabullante destino.

 

 

EN EL SÉPTIMO DÍA NACIÓ EL CUERNO DE CHIVO

 

En el séptimo día

cuando Dios ya había construido todo

los ángeles se revelaron

y llenaron de caos y destrucción

el reino de los cielos.

 

Estando Dios enfurecido

por la rebelión de sus creaciones

expulsó a los ángeles traidores

hacia lo más marchito del edén

y dejó caer junto con ellos

un ángel impuro y deforme

con las mil enfermedades de la vida.

 

Mi abuelo nos contaba:

que en las escrituras apócrifas

Adán vió llegar al Ángel

y luego lo cuidó

y sopló por encima de su cuerpo

hasta quedarse sin aliento

y sin una gota de saliva.

 

En el séptimo día Adán despertó

y tuvo en sus manos un cuerno

que vomitaba fuego

y cortaba algo más que la piel.

Adán al recordar los designios de Dios

también recordó la imagen de Samael

y lo bautizó como cuerno de chivo.

 

 

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