Javier Alvarado | Panamá

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BiografíaPublicacionesAutores Recomendados

Javier Alvarado (Panamá, 1982)-   Ha obtenido diversos premios nacionales e internacionales de poesía entre los que destacan: Ricardo Miró,  Pablo Neruda, Rubén Darío de Nicaragua, Nicolás Guillén, Mención de Honor Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo, Rey David de Poesía Bíblica Iberoamericana, Segundo Premio Antonio Machado de los Ferrocarriles Españoles y Sor Juana Inés de la Cruz.  

Entre otros títulos ha publicado:

 

  • «Tiempos de vida y muerte» (INAC, Panamá, 2001)
  • «Caminos errabundos y otras ciudades» (UTP, Panamá, 2001)
  • «Poemas para caminar bajo un paraguas» (Imprenta Alvarado, Panamá, 2003) 
  • «Aquí, todo tu cuerpo escrito» (INAC, Panamá, 2005)«
  • Por ti no pasa nunca el tiempo —y otros poemas al espejo—» (Panamá, 2005)
  • «No me cubre de edad la primavera» (Poemas de Ocù) (Panamá, 2008) 
  • «Soy mi desconocido» (9 Signos Grupo Editorial, Panamá, 2008) 
  • «Carta natal al país de los locos» (Poeta en Escocia)México, 2011
  • «Ojos Parlantes para estaciones de ceguera» (Nicaragua, 2011). 
  • «Balada sin ovejas para un pastor de huesos (UTP, Panamá, 2011. 
  • «Viaje solar de un tren hacia la noche de Matachín (Ediciones Universidad de Quintana Roo, México, 2013)»
  • «La vida en mi plato de pobre», (Ediciones INAC, 2015.)
  • «El libro de tus posesiones», (Ajíaco Ediciones, Santiago de Chile, 2015.)
  • «Epopeya de las Comarcas», (Valparaíso Ediciones, Madrid, España, 2017.)

  • Eunice Odio (Costa Rica)
  • José Carlos Becerra (México)
  • Circe Maia (Uruguay)
  • Herberto Helder (Portugal)
  • José de Jesús Martínez (Nicaragua)

 

 

Javier Alvarado

 

 

 

 

ESCRITURA PODÀLICA O LOS FANTASMAS

PARA NO MORIRSE

 

 

Entre mi pie y tu pie

Cae un rayo

Un reír o el purificar de almas gemelas

Araño tu respiración

Con ese color de Dios ante el desamparo

Invitándome a dormir como si no tuviera sueño

Como si me hubiera inventado

Ante un pecho de mi madre

Toda riente en el naufragio y en el fragor que hace

Bostezar las copas,

Y como decirlo

Si ella es extraña, paridora del Renacimiento

y de las axilas de la flauta, ahora que no hay adoración ni pactos

Para que se arrullen mis hermanos en el fondeadero,

Si es terrible

Porque no se acuerda de nosotros ni lanza puñados

De pétalos al aire;

Si es copioso para mí lo aleteante terrestre             cuando tu sexo

Me hace trampas al escribir y al dinamitar todo ese relámpago

Que me hace ser maniático;

Si cada día estoy triste, como un tren de muerte

Llorando de súplica y de suplicantes

Si en esos ojos              yo no me encuentro

Terciando a la abeja más pura

Para que me mates con los últimos tobillos,

Mucho menos con estas manos

Que son la medianía de estas selvas aulladoras,

Esa fanfarria colorada de los animales postizos

Tan livianos en el desvestirse

Y en el patear del oro al precipicio

Cuando caen sílabas, vocales

Extramuros, dioses, Baudelaire llorando

La parentela en el resplandor del lávame

Y el espectáculo de lo que no soy

Vertiendo uno a uno estos espejos

Y estos fantasmas que me he puesto para no morirme.

 

 

 

MEDITACIONES EN UN BOSQUE DE ESCOCIA

 

seguiste las instrucciones para leer a los árboles

Ernesto Carrión

 

Abro estas rocas para estar despierto

Para imaginar que he colocado sobre este suelo cada uno de sus árboles.

Hay dioses blancos y hay dioses más oscuros

Algo que el chubasco me ha permitido ver

Algo que no sucede y que sin embargo ocurre en mi conciencia

Suelo derramarme sobre este campo como el pequeño arroyo

Que en vez de morir se va a alimentar la charca afiligranada de los patos,

Me subo a los troncos y las ramas levemente se resquebrajan

Abro la fábula del cuervo y Edgar Allan Poe va sucediendo

Sobre los bucles de Minerva.

Hay un esturión castrado

Y un ánfora de sol que destella copos de nieve;

Ese mundo irregular donde se abre el poema

Y la sombra se hace corpus,

Vino de la realidad para el deleite de otras desapariciones

Un muchacho juega desde su puerto y empieza desde siempre

A escupir las tempestades, otra chica más arriba

Es la que esparce el viento por la tierra

Ambos combinan el aguaviento que azota estos lugares.

 

En este verano que parece invierno solía jugar con mi caballo

Ornamentar mi silla de montar con los cascabeles de mi patria

Perder el equilibrio en los telares acuosos de la nieve

El vino que se derrama y va aletargando las alquerías

Las sastrerías del agua que susurran sus verdades a los troncos

A los hábitos de los ascetas y de quienes viven en el monte

Vegetando entre las oscuras estepas que huelen a pino recién cortado

Imaginándome que puedo permanecer como un hilo de estrella

Donde va colgando el pergamino de la araña

Esa sacudida de los peces y de los mares que se van abriendo

Hacia la conquista de ese otro mundo, donde no hay palabras

Y poseemos malos hábitos, eso de amar con un lirio resplandeciente

Con un guijarro empalmado que se abre hasta dominar el cristal de la semilla

Asistir a los oficios nocturnales y seguir al Buen Pastor en su domingo

Por la siesta de los cereales y el pan

En cada paso del corcel que se retira

Entre calles asfaltadas por las corolas de las flores.

Termino por creer que hay una estatua rota

O un arenque saliendo de la endurecida lengua.

Hay fitoplánctones y pirañas en nuestro estómago

Lunas quebradizas que cuelgan de las orejas

Y una luz color de ámbar que destilan los cestos olvidados de manzanas

 

 

 

CORAZÓN VALIENTE

 

A mi madre y a mi hermano,

que adoran el filme…

 

Aquí hubo fuego y sangre derramada por los Bienaventurados.

Aquí está William Wallace

Terciando su espada por la liberación de Escocia.

Un dardo insertado en el corazón de Eduardo I

Las monedas que flotaban debajo de la fuente

Como ahogando los edictos y a los Emperadores

Que se condecoraban así mismos o se declaraban dioses

Tan idiotas como algunos gobernantes modernos.

William lleva en su pecho los cuernos de los ciervos rojos

El piquituerto llama a la batalla

Desde la indefinible tundra,

El urogallo va deletreando las mañanas

Con su rabo de fosforada sangre

Y empiezan a sonar como cornos

Los torrentes hidrográficos

Del Clyde, Dee, Don, Isla, Kelvin, Annan,

Spey, Tay, Tweed.

Estos ríos se tiñeron con la hemoglobina

De los inmortales guerreros,

Un ala nocturna como un vitral cayendo sobre los dedos

Una profecía nunca dicha y que todos conocíamos de antemano

La sibila detonando sus palabras en el ansia de morir

Estirando el cuello para escapar de la botella

Las monedas que flotaban debajo de la fuente

O que labraron sus tumbas con los minerales porfiados

Las piedras y sus espasmos y esas ganas de colmar

La eutanasia de los peces

El gemido nocturno de las pomadas

Y de las llanuras que temblaban

Ante los pasos y pisadas de la corneja de la muerte.

 

 

 

DEMASIADO CERCA O DEMASIADO LEJOS

 

Mi cabeza no se cual

No ya una, no única

Ya parecida a las parecidas,

Ni femenina, ni masculina

 

Wislawa Szymborska

 

Sucede que estoy muy cerca o demasiado lejos

Que puedo vestir de hombre o de mujer

O con la piel de cualquier animal de monte

O de ciudad

Que puedo desgañitarme a voz de cuello como una campana

Entre las manos del día

O arder como un cohete en las barricadas de la noche

Ser algo corpóreo o incorpóreo que se defina en la luz

Ante el humano ojo

O ante la necedad del microscopio

Que puedo hendirme de raíz a cualquier suceso de la historia

Que le temo y no le temo a la casualidad

O al miedo de encontrarme

Y no tener espejos

O lenguas para hablar con los desconocidos

O los conocidos, a quienes más temo,

En cualquier rastrojo o vestigio de metrópolis

Donde siempre existo

Donde muto, donde me cambio la piel

Para ser agua, tierra, fuego, aire

Una mixtura de elementos.

No sé donde aprendí a escribir y donde coloqué

El balbuceo y la fabulación del verso

Algo nacido como un arrullo de una A vivencial

En el sanscrito que siempre oigo

O al escribir un hexámetro sobre Troya robándomelo Homero

Sencillamente cantarlos ante el mar de Lesbos mientras Safo

Colocaba una mano para fraguar el aguaviento en mi pene o mi vagina.

Bien pude ser una ninfa o nadar como sirena

Ser mitológicamente alguien

El perdido  amor de Quevedo o Góngora

Luego ser un heterónimo de Pessoa

E irme a pasear al Cabo Verde

Habitando América y sus Antillas

En el susurro como un velamen

Sentarme sobre Lezama e incitarlo a cantar

Y a habitar su otro Paradiso

O ser el caldo de congrio en la mesa de Neruda

O la espuma de Vallejo ante sus páginas

Cuajadas por la hierba

La piedra de sol de Paz

O este paseo para Turistas

Por el istmo de Panamá o por la Isla Mágica

Que nos trazó Rogelio

Tan incomprensible es la realidad

Tan ajena del mundo

Tan expectante como la muerte de los espectadores en el circo.

Yo puedo ser un mimo

O el grito que asfixie esta insólita brevedad

De ser o no ser

De estar siempre cerca o nunca demasiado lejos.

 

 

 

LA QUEMA DE LAS BRUJAS

 

Más de cuatro mil brujos y brujas fueron

quemados en Escocia entre 1479 y 1722,

muchísimos más de los que condenó

la Inquisición Española en toda su historia…

 

No ansias penetrar en la senda redorada.

Ni olfatear esos espacios donde hay una niebla perpetua.

Llegar a Castlehill es percibir el grito de las brujas

El olor de sus cabellos chamuscándose en el fuego

Sus vivas carnes cocinándose como cerdos o faisanes.

Ansias estremecerte como el aluvión del verano sobre los castaños,

Como una copla popular de algún guitarrista muerto

Yaciente bajo sus esmeradas monedas,

Sin volcarte como una alarma, como un espejo ciego o una existencia empañada por

dragones colosales

Por fenómenos áureos que revolotean en tu cabeza

Como mosquitos de savia o cerraduras que se forjaron

En los talleres de un infierno conocido

Cruzando dormidos desiertos y olfateando la sangre de antiguas rebeliones

Desechando en el pasado todo el humo de las malquerencias y despojándome de todo el

cuerpo de las basuras humanas

Conociendo el emblema de la mandrágora para sumergir todo

En las alquimias del olvido, si Dios me porta sobre el himno de su mano

 

Todo ese blindaje de la carne y de la diosa;

Para el venablo más contrito,

Si vemos despertar la hamadriade del trueno

Donde salieron las fotografías de los antepasados

En los racimos de esta plaza donde fue quemada alguna bruja cazada en el valle

Su cuerpo sigue oliendo a rosas quemadas siglos más tarde

Me despejo de toda ración de misericordia y apedreo a la multitud que vocifera contra el

vivo instrumento de la magia.

 

 

 

ADRIANO FRENTE AL EGEO

 

Yo, un viajero del montón,

saludo ahora tu busto polvoriento

en la desierta galería.

Joseph Brodsky

 

Es observarlo allí, con las diosas y la ajorca.

¿Dónde estará su Antinoo o la Yourcenar

Que ha de recopilar todas sus memorias?

Hay un frío extremo, bizantino,

Una jarcia despertada para los días que se acurrucan

Bajo el crujiente otoño, yo puedo ser un ave

Que regresa de la cacofonía de las islas o un marica

Que observa tus bucles paralizados por la piedra,

Sólo tu cabeza que esculpió algún artista

Por el encargo de algún administrador pudiente,

Yo puedo sólo observar tu testa, pero no puedo

Imaginar tu cadera, tus ingles o tu pene

Esa sangre que hubo de recorrer tu peplo y las arterias,

Una cadena despertada para el coloso de las nubes,

O las enseñanzas acústicas de la cítara

O la trasgresión de las matemáticas,

Cuando puedo cubrir tus pies

Con una rama de olivo y en el oído

Decirte como decía Safo a sus hermanas:

Que bella es mi amiga, hermosa entre las otras,

Puedo ser tu puto o tu adversario

O quizás un caracol que sediento

Ha venido hasta tu boca para deletrear al mar

Y tocar levemente tus pezones a través de la túnica,

Todo eso en el efluvio de continuar la doncellez

De la paloma o la ansiedad de batir las alas

 

Antes del ocaso, cuando el sol se cubría

De Hélade y helado y no pudiendo asirse

De tus orejas se asomaba en tu nariz

Para ser olfato, liebre de la respiración

O un zumbido letal de abejas en tu cielo,

Desmoronado o erigido como la gloria

Del amante, hay de todo, paroxismo, miedo

Y una entrega del tórtolo a su tórtola

Como si fuese un rugido de oseznos en la nieve

O un acto perpendicular de encender los racimos de la uva

Los denarios, las colinas, los templos y la sangre.

*

Cuánto habrá sufrido tu amante

Al verte en medio del senado, o al sentir

El rubor de algún otro joven frente a tu estrella

Paladeada, o al oír simplemente

Algún ideograma de poeta que te hacía levantar

La simiente desde la toga intacta,

Como un microfilm que hereda el alejamiento

De los efebos y la pradera de los ruidos,

A la hora del juego entre los rizos de la mosca

Que pulula en medio del banquete;

Si somos como el cohorte, que desposado,

Huye a amamantarse de las ubres de la luna

Toda colérica por su ensoñación con el diluvio,

Con lo místico e irreal que penetra el sur de las cabañas

De los paternones nuestros que se erigen

Como una gloria blanca sobre las piedras del hambre,

Sin ese ocio que me hace arrinconarme

En las antorchas de caverna, musitando

Ese gemido que da tu piel y las raciones

Para el mito y la aspergesia,

Cuando una mano va tocando peplos y rompientes

Y alguien cave un pozo para iluminar

A la metáfora, todo como un perfecto crimen

Hacia los asfódelos de un cielo renovado

Y penetrando en tu desnudo cuerpo

Como el aceite que escanciaron las esclavas

Y las masajistas te lo unten después del baño

Y luego entregándote a las tibias residencias

De otro sueño, monocorde como la pulsación

Que sintió Ulyses al no oír a las sirenas.

*

Ahora cruza el relámpago y te observo.

No recuerdo el año, bien entrado en esta era.

Portando una boina en la cabeza

Y la majestuosidad del curioso en el castillo.

Tú mirándome como el cazador

Al cervatillo que se recrea en el bosque

Del pensamiento más oculto, como si la carne

Fuese un espejo para los deseos mortales

O casi divinos después de la efusión

De los cabros y la leche, todo ensimismado

En su porción de ligamentos y de cólera

Cuando va circulando ese cuarteto oftalmológico

Y yo con el cincel que me dio el arte

Tratando de no ser ese polluelo

Que se va a tu memoria y al vacío.

Yo puedo ser un quimérico centauro

O el Antinoo -perturbado de amor- que sucumbió

Entre las graderías y los pastizales besados por Efebo

Contemplando el cuerpo flotante

De este tu otro Antinoo

Que observa tu cabeza,

La gloria del verdugo.

 

 

 

POEMA EN RESPUESTA A JEAN PAUL SARTRE

QUE ME HA ENVIADO A UN LEÓN-MAYORDOMO

PARA QUE ME ESCOLTE A UNA HABITACIÓN OSCURA,

ERÓTICA, CON MUCHOS OJOS Y CON LA PUERTA CERRADA

POR FUERA Y CON EL CUAL DESEO QUEDARME

 

A Alexis Jaramillo y a su sempiterno león

 

Entrar con el símbolo o la voluntad del cisne

Conocer tu cuerpo de león que se desmadra

Rasguñando los cordones y las sombras,

Tu aliento fálico  que se eterniza en el carámbano de las nubes

Lo que llena de molinos y  de algas las peceras y los dormitorios

Ese arco de las costillas donde se ensalivan los plenilunios y los soles

El ombligo donde se alberga la quilla antigua de los buques amorosos

Y los sordos embarcaderos

Donde los jóvenes novelistas aguardan con un lápiz sepultándose;

Tus ojos de loto pensante que esgrimen la correspondencia

De Dios

Con los sellos sexuales de la lluvia

Ese gatear de estrella por el teatro a oscuras

Tu labor de cancerbero en la punta de mi lengua

Arrastrando a los poetas, a las lesbianas y a las locas perdidas con tu látigo de sangre

Si hay camelias crucificadas que preguntan por su cólera de huesos

Por esa orientación de mis manos hacia tu melena aleteante

Un balbucear de pájaros que se constelan en la seda de mi grito

Un paraguas de uñas para verte surgir como el mediodía nevado

La cristalización del viento que me acerca al otoño y sus raíces

Con las auroras boreales que nos salen de las manos

Una quietud fresca como invernadero que se inicia sollozando

Entre el vapor de los legajos muertos que dialogan con la espiga

Como surfers anudados a las olas tronchadas

Rostros de sueño que se invaden de comedias berreantes

Sombras dactilares que trepan la rosa suicidada

Candelas de miedo que supuran astros de melancólica gota

Donde los sastres trepan los árboles con la aguja desafiante

Con el limo y sus costuras y los nidos envenenados de la arteria

Tanta trepidación de la campana homófona y de los renos que reúnen los exorcismos de

otros reinos

Algo que sucumbe como la heredad en el espejo

O la fatiga de arrastrar los corales y las fechas de la Facultad de Bellas Artes

Si volvemos a ser un nombre o una estatua con nombres anónimos

María, Jazmín, Javier, Victoria, Alexis,

Estele, Garcìn, Inés Serrano

El camarero de los arcabuces y la noria

Que se colma de mendigos y de soldados que se enlutecen de blanco

Que se abandonan en las calles con los ojos osteoporados y que arrojan violines podridos a

las estaciones de la luna

Jinetes que se cubren de maleza

En los jardines del hambre

Algo que oye piafar a la ardilla

Con su cola amarillenta

Con la levedad de los rabihorcados

Y la comunión de las cerezas

Amapolas que se disponen a ser heridas

Por casas de materias nerviosas

O ruedas de maderas pobres

Y chirrean las aldabas, las bisagras, los sexos de las puertas

Lo que es despertar junto a una mujer desconocida

Y que inunda de aguas fluviales

La espalda de la ciudad

Que babea sobre los ferrocarriles

Que trafican el granate,

Los números abiertos

Que portan las clorofilas de tu piel hidratada por ausencias

Cuando soy el espectador del deseo en meditante agonía

El aplauso ebrio ante las multitudes que tiemblan en el gozo

En una habitación donde nos buscamos con los ojos cerrados

Con capitanes ebrios que sucumben ante el timón de los bares y el infierno

Continuamente con esa tempestad de las almas y de los cuerpos nupciales,

Ese epitalamio de la miel que te persigue

Como una cuerda roja para amordazar estrellas

Sustancias que salen de tu boca y que mi boca energúmena

Liba, chupa, engulle, lame

Para devolvernos a ese gesto solo

Del teatro a oscuras,

Del espectador a oscuras

Del león cancerbero a oscuras

Donde empieza a iluminarse la cópula del mar y su almirante.

 

 

 

ALAS DE PALOMA

 

Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los

ojos del ciego,  diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa «Enviado».

El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.

Juan 9  6-7:

 

Señor de abrigo raído:                      Herédame la tierra.

Mujer de ojos vidriados:                 Yo me quedé sin casa.

Señor de abrigo raido:                    ¿Por qué no construimos una?

Mujer de ojos vidriados:                No hay suelo en donde caerse.

Señor de abrigo raído:                   Aún estamos vivos.

Mujer de ojos vidriados:                ¿Es que no lo ve?

Señor de abrigo raído:                   ¿Qué cosa?

Mujer de ojos vidriados:               Una parte de mi está muerta.

Señor de abrigo raído:                  Yo puedo revivir esa parte.

Mujer de ojos vidriados                ¿Cómo?

Señor de abrigo raído:                  Imitando a las palomas.

Mujer de ojos vidriados:             ¿A las palomas?

Señor de abrigo raído:                 Ellas comen en las plazas.

Mujer de ojos vidriados:              Las migajas de la gente…

Señor de abrigo raído:                 Comen en las plazas pero siempre andan volando.

Mujer de ojos vidriados:               Yo no tengo alas.

Señor de abrigo raído:        Construyamos una casa y busquemos nuestras alas.

Mujer de ojos vidriados:                 Hay mucha miseria en el mundo.

Señor de abrigo raído:                     Mi ropa interior es de periódico.

Mujer de ojos vidriados:   Mi ropa es extraída del patio interior de una basura.

Señor de abrigo raído:                    Aún estamos tristes.

Mujer de ojos vidriados:                No tenemos en donde construir.

Señor de abrigo raído:                    Aún estamos vivos.

Mujer de ojos vidriados:                ¿No ve que tengo los ojos vidriados?

Señor de abrigo raido:                   Yo le puedo devolver lo humano a sus ojos.

Mujer de ojos vidriados:               ¿Cómo?

Señor de abrigo raído:               Llenándolos de vida.

Mujer de ojos vidriados:            ¿Cómo?

Señor de abrigo raído:               Escupiendo en el suelo y…

Mujer de ojos vidriados:           Usted no hace milagros.

Señor de abrigo raído:               Aún no lo sabes.

Mujer de ojos vidriados:            No hable babosadas.

Señor de abrigo raído:               Si quiere, escupamos los dos sobre la tierra.

Mujer de ojos vidriados:           Mejor cállese.

Señor de abrigo raído:              Escupa, yo escupo…

Mujer de ojos vidriados:          Algo saldrá de la tierra.

Señor de abrigo raido:             Si, algo saldrá de la tierra.

Mujer de ojos vidriados:         ¿Algo como qué?

Señor de abrigo raido:             Lodo

Mujer de ojos vidriados:        ¿Y?

Señor de abrigo raído:             Untémonos en los ojos y en el cuerpo.

Mujer de ojos vidriados:         ¿Y?

Señor de abrigo raido:            Naceremos de nuevo.

Mujer de ojos vidriados:         ¿Quiere usted que me desnude?

Señor de abrigo raído:            Tiene que ser así para untarse el lodo.

Mujer de ojos vidriados:         La verdad que no comprendo.

Señor de abrigo raido:           Hagamos una casa.

Mujer de ojos vidriados:       Desde esta altura se contempla toda la ciudad.

Señor de abrigo raido:           Aquí hemos venido.

Mujer de ojos vidriados:       Aquí hemos venido.

Señor de abrigo raido:          A matarnos.

Mujer de ojos vidriados:     ¿A matarnos?

Señor de abrigo raido:         Si, a matarnos…

Mujer de ojos vidriados:     ¡No!

Señor de abrigo raido:        ¿No?

Mujer de ojos vidriados:    Quiero otros ojos

Señor de abrigo raído:       Construyamos una casa.

Mujer de ojos vidriados:    Escupa.

Señor de abrió raido:         ¿Que escupa?

Mujer de ojos vidriados:    Si, que escupa. Yo escupiré también.

Señor de abrigo raido:      ¿Para qué quiere que escupamos?

Mujer de ojos vidriados:   Si escupimos y escupimos habrá lodo suficiente para mis ojos y para hacer el barro con el que construiremos nuestra casa.

Señor de abrigo raido:      Sin duda, pisemos la tierra…

Mujer de ojos vidriados:   Quizás nos salgan alas de paloma.

 

 

 

PARA HACER EL AMOR EN PONELOYA

 

Para hacer el amor debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha,

tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra para hacer el amor

Antonio Cisneros, Tercer Movimiento

 

No hay nada mejor que hacer el amor en Poneloya

Para llegar es necesario comer un gallo pinto,

Inquirir en el techo hasta encontrar esa ambrosía que irradia la pitahaya,

(El puñado de pétalos que fundan una boca una lengua unos pezones

Hasta decirse templo). El jugo de fruta es el mejor afrodisíaco,

Sobre todo si se quiere descifrar el deseo en los ojos de la doncella. Esa primera y última

imagen de tu cuerpo entrándome de a poco.

Celebro la sal. Celebro el agua; ahora que soy inagotable, que soy un rompeolas

Con esa certeza de la rotación o del naufragio; girándonos para vernos en la refracción

de la luz,

Exprimiendo el fuego de la pulpa, siendo entre los dedos el mejor lubricante, si la carne no

se abre,

Como la aldaba ante la ejecución de la mano, con un fondo de ultramar o de marimba.

No importa si el lecho marino es áspero o suave.

Uno de los amantes presidirá escarbar un lecho hondo

Para residir entre los caracoles y las tenazas lascivas del cangrejo;

Algunos más austeros sentirán blandas

Los caparazones húmedos de Las Peñitas;

Pero no emprendas la marcha

Ni el susto

Si te sorprende la acusación de una ola en la Peña del Tigre.

Es preciso caminar por la orilla e ir dejando la ropa excitada por descuido.

Nadie puede evitar el sol de la costa y que esta vez lastime el lomo

De algún amante

Dispuesto a desovar como los peces.

Hay que hacer el amor en todas las playas del mundo

Y dejar que los sexos se ahoguen y respiren

En ese diluvio genital y planetario.

Ven a este mar y húndete.

Escribe tu manual de instrucciones

Y haz el amor en Poneloya.

 

 

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