«Luz negativa» sobre «Entrada en la noche» de Alfonso Bonhomme Manriquez por Roberto Oropeza

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«Luz negativa» sobre «Entrada en la noche»
de Alfonso Bonhomme Manriquez por Roberto Oropeza

 

 

¿Cuál es el mérito de la luz? ¿de qué sirve verlo todo? Los textos de Alfonso Bonhomme Manriquez reunidos en Entrada en la noche (Ediciones de «los diez», 2022) se cuestionan acerca de este aspecto. No desde el punto de vista de la física, sino hablando de su opuesto, de la oscuridad y la noche, que puede enseñarnos más de las cosas a medida que las oculta. Una suerte de nueva percepción producto de la observación de los mínimos detalles o cambios.

A lo largo de treinta y un poemas —escritos en el lapso de diez años según explica el autor — la noche se vuelve protagonista dejándose fluir o ver a través del hambre y el silencio.  Es esta ausencia —de la saciedad y el ruido— que permitirá percibir detalles otrora inaccesibles “Un sueño de hormigas negras y un tímido sonido de alas sobre la cara. La sangre roja se trafica y el visillo no filtra”

Entrada en la noche, implica también un ejercicio de la memoria, que es retratado en Nocturno de Antofagasta, una suerte de antipostal de la ciudad: “Un gran ojo en el desierto como un inverso purgatorio de anillos como infierno. El cielo indiferente atestigua los residuos infernales de quienes emergen de sus profundidades portando el vicio y las pasiones de su edad de cobre”

Dueño de un lenguaje opaco, el libro logra vislumbrar una especial atención por los detalles minuciosos “Estupenda molécula esta brisa de sal que atestigua la verdad del océano en tu mejilla”. El hablante lírico retrata también el rechazo a la calma, asociada a la ignorancia y la fe —y por ende a la luz — teniendo el sujeto la problemática de debatirse en medio de la cordura y el delirio. Éste será uno de los puntos notables del poemario. La incertidumbre. Será abordada de igual manera en el rechazo al pasado: “Tengo piedras duras como rocas piedras difíciles de quitar, difíciles de ignorar piedras recuerdos, piedras drásticas como un recuerdo aguijoneando, paso a paso, la pisada moribunda de mis pies dóciles” además de un miedo al futuro o a lo nuevo. De igual forma en las situaciones de vida compartida, una fina línea casi indetectable parece dividir a dos estados antagónicos: pasión y apatía. Bonhomme Manriquez intenta hilar un puente entre ellos mediante la palabra, y si esta solución no es suficiente y la ambivalencia queda flotando en el aire, la retirada al hogar será la opción elegida, como lo único que no puede dañarlo.

El hilo conductor del poemario se torna muy diverso, hay muchas aristas no desarrolladas del todo, lo cual puede jugar en contra a la hora de buscar unidad en los textos. Entrada en la noche puede ser vista como un bosquejo—con pros y contras— de los últimos diez años de trabajo del autor. Un intento de sobrevivir entre obsesiones y carencias. Luminiscencia y oscuridad. Como la aguja de una brújula girando sin control de norte a sud.

 

 

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