Ingrid Bringas

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Escritora mexicana. Colabora en diversas revistas de poesía nacionales e internacionales en formato digital e impreso. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, francés y portugués. 

La Edad de los Salvajes (Editorial Montea, 2015)
Jardín Botánico (Abismos Casa editorial, 2016)
Nostalgia de la luz (UANL,2016)
Otra versión de mí “another version of me” E-book de edición bilingüe (Ofipress,2017)
Objetos imaginarios (PinosAlados ,2017)


Mariel Damián (CDMX)
Esteban López Arciga (Mexicali )
Aldo Vicencio (CDMX)

 

Ingrid Bringas

 
 

Mujeres que hablan con las manos

Hay lugares donde las mujeres hablan con las manos,
se habitan entre ellas y crean su propio lenguaje,
el de los cuerpos y las líneas,
juegan contigo al escondite ,
entre las sombras sus manos deslumbran como flashes.
 
Hay lugares donde las mujeres han dejado de hablar ,
para sentir la lengua de los otros,
miran con las manos y guían al mundo,
guían al perro,
encienden las luces del vecino.
 
Una ciudad encendida por una mano que habla,
una mano de mujer te toca la frente,
las dos sentadas a la luz de una vela,
están las manos para entendernos por dentro.

 
 

Mi llama sabe
y habla
debimos plantar un árbol se lo dije a mi padre
ese hombre que perdió los ojos-
ahora su único lenguaje son las palmas de sus manos
no le alcanzan los ojos para ver las montañas
mi llama sabe de un fuego extinto
a algunos les molesta la muerte
a otros el ruido de los vivos

 
 

Visceral

Las entrañas de un hombre vivo
esperan el crecimiento,
ver correr el río con las piernas inválidas y sentir el viento
 
sentir en su sangre una tribu que no ha existido nunca
qué raros son los muertos por dentro
hechos de luz
 
a nadie le gusta escuchar sus voces
el interior de sus entrañas
un ruido disperso de tripas
 
una razón que no los deja vivir
su respiración es un murmullo a veces
las entrañas de un hombre vivo no están a la altura del alivio
ni su puño que pueda describir su existencia.

 
 

Días de gracia

Cuando aprendí la palabra muerte
apenas se construía mi casa, mi abuela había muerto,
se habían secado los higos
 
cuando aprendí a pronunciar la palabra muerte ,
mi padre se había cortado con la navaja de afeitar
eran días de vigilia
 
días de guardar
 
graznaba la tarde como la luz heredada,
después de la plaga que azotó mi pueblo comprendí la palabra muerte,
el hado funesto de las cosas
 
aprendí a perder con la palabra,
a dejar ir
a apagar la sed cuando la muerte nos devora.

 
 

Historia de un vestido

Cuando uso el vestido de mi madre, repito su nombre en voz alta
sorprendida siento su carne viva,
los pliegues de sus manos,
invoco con ella la felicidad engendrada,
su sonrisa como sandía.
 
Cuando uso el vestido de mi madre en posición fetal,
Me enseño a ser valiente a usar su risa más burlona,
A sobrevivir rodeada de extraños.
 
Cuando uso el vestido de mi madre, acepto la muerte como obsequio
Y veo como la gente se hace más pequeña.

 
 

Autorretrato

Dibujarse cuando la enfermedad nos devora
el cuerpo se vuelve más hermoso,
su aroma es de las ciruelas azules,
persiste la tristeza , pero en sus trazos hay una luz tenue
 
hay belleza en lo que habrá de desaparecer,
el aliento se agita como los peces,
lo que queda de un hombre es esperar a dios
 
dibujarse,
por dentro cuando todo estalla
dibujarse es un impulso por permanecer eterno.

 
 

¿Qué sombra dejará mi cuerpo?
la salvación de los amantes que se entregan al polen
la salvación de esta ciudad de tigres
este es nuestro pequeño secreto
la vocación de contemplarnos.

 
 
 

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