Entrevista a Melissa Sauma | Bolivia

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BiografíaPublicaciones

(Santa Cruz, 1987) es economista de profesión y MBA en Dirección y Gestión Empresarial. Explora distintas artes, entre ellas, la literatura, la danza y la fotografía. Ha realizado el Diplomado en Escritura Creativa de la UPSA, dirigido por la escritora Magela Baudoin,el Taller de crónica periodística, organizado por la UEB y los talleres online “Narrativa I y II” con Casa de Letras, Argentina. Participa en el taller permanente de narrativa a cargo de Maximiliano Barrientos y, desde el año 2015, en el taller de Escritura Creativa “Llamarada Verde”, a cargo del poeta Gabriel Chávez Casazola.

Participó en la I Antología de cuento “Torre de ideas” de la Editorial Torre de papel con el cuento “El tren”,  formó parte de la II Antología virtual de cuento “Escritores Acrónimos” con el cuento “El taxista” y en el año 2016, su cuento “Oniria” fue incluido en “El destello y otros cuentos” al obtener una mención en el XLIII Concurso Municipal de Literatura Franz Tamayo.

¿Cómo han sido los días posteriores al fallo del jurado, declarándote ganadora del concurso?

Han sido días felices por la alegría de recibir los saludos y el cariño de los amigos que vieron la noticia y me llamaron o escribieron para felicitarme. Por lo demás, han sido días como todos los otros: con momentos altos y bajos, de rutina y de celebración. Días de sur y chilchi.

Sabemos que eres economista de profesión ¿Cómo lograste introducirte en la literatura? ¿Has asistido a talleres de poesía? De ser así ¿qué peso tuvieron estos a la hora de elaborar el poemario?

En realidad, suelo preguntarme cómo es que me introduje a la economía porque siempre supe que me interesaban las letras y el arte en general, sólo que me tomó un tiempo aceptarlo y decidirme a trabajar en ello. En este sentido, los talleres han sido de gran ayuda para crearme un espacio entre todas las actividades laborales y personales que tenía, y dedicarme a escribir. El Programa de Escritura Creativa de la UPSA, fue uno de los primeros que realicé y me permitió ampliar el panorama de posibilidades que tenía en el ámbito literario. Para este poemario en particular, ha sido muy importante el trabajo realizado con el taller “Llamarada Verde” del que formo parte desde hace casi tres años y en el que vengo trabajando los poemas de este libro.

¿Cómo ha sido el proceso de creación de Luminiscencias? ¿Cuánto tiempo te tomó?

Al principio fueron poemas sueltos que escribía sin ningún orden y guardaba con menos orden todavía. Reuní todo el material que tenía y trabajé en la edición. Fue un proceso largo y muchas veces doloroso porque encontré cosas que había escrito hacía más de diez años;tuve que encarar a mis antiguos fantasmas y reconocer que muchos de esos poemas eran malísimos y que era mejor renunciar a ellos que tratar de salvarlos. Entonces escribí cosas nuevas, volví a reunir el material que tenía y encontré que había poemas que seguían una misma línea o que abordaban temas en común. Elegí 33 poemas con miras a un formar primer libro y en el último año los revisé, los ordené de modo que dialogaran mejor entre ellos y que también pudieran contar una historia; que formaran un todo como libro. En esta etapa tuve que quitar poemas que me gustaban pero que sentía que estaban inconclusos,o que desentonaban en el conjunto, sobre todo porque había mucha distancia de tiempo entre unos y otros y en ese tiempo mi voz había cambiado. Incluí nuevos poemas, saqué otros y finalmente quedaron los 26 poemas que conforman Luminiscencia.

¿Qué es lo que buscabas expresar?

No buscaba decir nada, al menos no al principio, donde como te decía, los poemas surgieron de forma dispersa y desordenada. No sabía siquiera si alguna vez los publicaría. Luego, al hacer la primera selección, vi que había en ellos un discurso, una narrativa que los entrelazaba y que seguramente los había ido hilvanando de forma inconsciente. De todos modos, pienso que lo que haya buscado decir no es tan importante como lo que el lector pueda encontrar, ahí está la verdadera riqueza de un poema.

¿Estás trabajando en nuevos textos? ¿guardan alguna relación con Luminiscencias?

Estoy revisando los poemas que no entraron en este libro y escribiendo algunos nuevos. También estoy trabajando en una serie de cuentos que tengo escritos, con un proceso parecido al que tuvo Luminiscencia.

¿La introspección juega un papel importante a la hora de crear?

Sí. Tengo algo que mis amigos conocen como “modo cueva” que son periodos en los que me alejo del ruido del mundo y viajo al interior de mí misma. A veces es una hora, una tarde o un fin de semana; a veces dura meses, según las exigencias del mundo me lo permitan. De algunos de esos viajes regreso con poemas y de otros no; soy sólo yo, pero distinta.

La muerte, el silencio y la luz aparecen constantemente en tus textos como puntos recurrentes ¿A qué se debe?

Pienso en el silencio como un espacio infinito, en el que puede caber todo y nada. Los silencios dicen y ese decir es único y personal, sucede cada vez que alguien se acerca a ellos.En la escritura me gusta utilizar los silencios para darle aire al texto; me gusta el efecto que crean en lo visual y también en el ritmo, al permitirle al lector respirar y llenar esos vacíos sus propios silencios.

Supongo que se debe a mis temas, a las antiguas obsesiones que me rondan la cabeza. He notado –como esas cosas que uno descubre mucho después de escribirlas– que la muerte es un tema recurrente en mis textos, quizás porque es una etapa ineludible de la condición humana y está rodeada de misterios.
En cuanto a la luz, me di cuenta de que era un tema recurrente en mi poesía luego de que empecé a trabajar con la fotografía.

Hablando de la fotografía ¿Cuáles son tus proyectos futuros, aparte del literario?

Quiero conocer el mundo. Me gusta mucho viajar y me apasiona también la fotografía. Por el momento estoy trabajando en un proyecto fotográfico que espero concluir este año y más adelante me gustaría trabajar en un proyecto que reúna las tres cosas: los viajes, la escritura y la fotografía.

Cuéntanos sobre la movida poética de Santa Cruz ¿Qué autores jóvenes nos recomiendas leer?

Siento que hay una efervescencia de la poesía en Santa Cruz que integra a poetas de distintas generaciones y de diferentes partes del país y que hace posible una serie de actividades en torno a la poesía, como lo son, las lecturas que se llevan a cabo de manera mensual en la Plazuela Calleja desde hace más de cuatro años y “Poesía en la Casa”, un ciclo de lecturas poéticas que inició recientemente en la Casa Melchor Pinto; a esto se suman el Encuentro Internacional de Poesía en la Ciudad de los Anillos y la Semana de la Poesía que se realizan de forma anual.Están también los talleres de poesía: el taller “Poetangas”, el taller “Llamarada Verde”, El Programa de Escritura Creativa de la UPSA que tiene un módulo de poesía, entre otros talleres más breves que se realizan de forma constante.
Entre los poetas que he leído y he podido conocer gracias a las actividades que te mencionaba anteriormente están Paura Rodríguez, Gary Daher, Gustavo Cárdenas, Gabriel Chávez Casazola, Oscar Barbery, Patricia Gutiérrez, Oscar “Puky” Gutiérrez, Paola Senseve, Pablo Carbone, Pablo Osorio y Valeria Sandi, además de poetas que están próximos a publicar, como lo son Marcia Mendieta, Amilkar Jaldín, Nicole Vera y Daniel Ayoroa.

Aquí

Al despertar
el peso del cuerpo sobre el cuerpo
el golpe del corazón en una caja
el haz de luz que acaricia la curva del hombro
el resplandor de la sábana en el arco de la espalda
la respiración profunda.
Escenas imprecisas de sueños improbables
los ojos que se ajustan poco a poco
a una realidad dispuesta a enumerarse
una mesa una flor un libro una ventana
el techo las paredes los cuadros una lámpara
otra vez el cuerpo
el reconocimiento del cuerpo como parte de este caos
el pie la mano el cuello la cintura
la boca las orejas las rodillas los brazos
la sed
la certeza de lo nuevo
el presente develándose
y una vez más
lo único que importa es
este saberse este decirse este mirarse
esta conciencia
de estar aquí
y no saber
hasta cuándo.

Cíclica

He sido tantas veces la misma
que hoy quiero ser otra
desvestirme de mí,
despojarme
de todos los adjetivos
que en mi nombre se alzaron,
vaciarme de todos los nombres
que sobre mí han caído,
los que me dijeron
y los que me dije.
Quiero olvidar
las palabras que escribí
las ciudades que amé
los rostros de las despedidas.
Alejarme despacio de esa casa
y caminar tanto, tanto
que ya no recuerde
la calle, el número, los árboles del patio.
Y es que he sido la misma tantas veces
que hoy quiero ser otra
o tantas otras como pueda ser.
Tantas veces que pueda
finalmente
ser la misma.

Reminiscencia

Exploro antiguas aguas
busco el primer fuego.
La infancia,
esa casa poblada de fantasmas;
el patio de mi abuela,
la tierra, los árboles de los que estoy hecha.
La guayaba que se estrella contra un mosaico rojo a media tarde,
las tardes en que observé pasar la vida desde una vereda.
Y me engaño creyendo que mis manos se hicieron para narrar el mundo.
Escribo, es cierto,
hay tanto que quiero nombrar y que no puedo;
tanta vida escurriéndose en mis manos,
tanta sombra ondeando mis cabellos,
tantas palabras suspendidas en el aire
– minúsculas partículas de polvo
iluminadas por la luz de una ventana –
que debo sacudirme de ellas
como quien se sacude de la piel la última capa.
Y miento
si digo que es la piedra, la montaña, el mar, el río,
los pájaros alzando vuelo, las esquinas de una casa,
el rostro de mi abuela, sus múltiples fantasmas
los que hoy
me piden ser contados.
Hay tanto que quiero nombrar y que no puedo.
Escribo, es cierto.
Del otro lado está la muerte
levitando.

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