Markos Quisbert | Chile

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BiografíaPublicacionesAutores Recomendados

Licenciado en Lenguaje y comunicación. Ha participado en los festivales de poesía: Poquita Fe: Encuentro de poesía Latinoamericana Actual (Santiago, 2006 y 2008); Encuentro de poesía Colectiva 07 (Arequipa, 2007). En el congreso de poesía “Chile mira a sus poetas”, organizado por la Pontificia Universidad Católica de Chile (Santiago, 2009). Ha sido beneficiado por la Beca de Creación Literaria del Fondo del Libro y la Lectura de Chile los años 2003, 2007. 2011 y 2016.

Atavíos (Ed. Moda y Pueblo, Santiago, 2009)
Cero Glamour (La liga de la justicia ediciones, Arica, 2011, segunda edición Cinosargo, 2015)

Rolando Martinez (Chile)
Juan Carreño (Chile)
Mauro Gatica  (Chile)
Renato Contreras  (Chile)
 
 

Markos Quisbert

 
 
 

NO SABRÍA DECIRLE SI ESTO ES PRODUCTO DE SOÑAR TANTO

Antes de llegar a una cita con horas de anticipación
soñé que vivía a expensas de un señor
que hacía todos mis vestidos con una delicadeza propia de Armani
pero al despertar contemplo que estoy desnudo
con cicatrices en la piel, de tanto remachar arruga sobre hueso.
No sabría decirle si esto es producto de soñar tanto
no sabría decirle si esto es causa de dormir
con cualquier hijo de vecino que no sabe quién soy.

 
 
 

AQUÍ LO TIENEN DE NUEVO

Un anciano fuma pasta con tanta elegancia
mientras de su cotona
extrae cada papelillo con sumo cuidado:
su pipa de madera tallada con motivo azteca.
Fuma una y otra vez
como si en ello se le fuera un poco más de su dolor
nos dice que ya olvidó de qué estaba enfermo.
La lumbre que hace más querido su rostro
su barba sucia que se mezcla con la cal
que cae de su pipa temblorosa
nos emociona un poco.
Fuma con tanta delicadeza
expira y exhala el humo cual medicina
mientras observa los ojos de Xólotl.

 
 
 

COMEDIA DE LAS EQUIVOCACIONES

Nuestra presencia molesta a los comensales señor,
necesito las pastillas
para volver a soñar con el hombre
que atendía todas las llamadas
para luego colgarme abruptamente y esperar
esperar días enteros.

Y las mejillas me picaban, la barba crecía, el corazón se hinchaba.
Desde entonces soy otro, pero no me entiendo
y no sirvo para cerrar esta secuencia
y permanezco con los dientes hundidos a las encías.
No puedo evitarlo querido amigo.
 
 
 

A VECES UN SEX SIMBOL RECURRE AL BISTURÍ

A veces un sex simbol recurre al bisturí
como todos aunque nadie lo admita.
Su estilo y apariencia
nos ahorra el trabajo de ser tan sensuales
ante los ciudadanos con vidas simples y ordinarias
que beben y se reproducen al calor de una fogata
que se extingue en el polvo.
A veces de reojo percibimos a gente solitaria
con un halo sobre la cabeza
al cruzar la calle, sin importarnos
en ese mismo momento sino años después
mientras hacemos por ejemplo el amor
con un desconocido tras un quiosco en la noche.
Un hombre de mostacho y camisa hawaiana
a la luz de un reflector que ciega la memoria
como en una redada policial
que se oculta en los puntos ciegos
de quienes lo contemplan de reojo.
Y seamos nosotros ahora aquel
que cruza calles y mentes y Cam.
¡Oh bienaventurado albergue a cualquier hora!
Esto ya se ha visto, chau.
 
 
 

A VECES SOLO A VECES DEJA DE RONDAR

Un criminal, ¡sí!, satisface a un montón de desconocidos
con su cuerpo velludo como una máquina sucia
eficaz y dolorosa. A veces los vemos contar fajos de dinero
y silbar en la esquina poblacional.
Acuden a él como enfermos tras una solución instantánea
a un padecimiento crónico.
Ese moreno, que restriega su corazón entre sus piernas
es el único que entiende el lado animal de sus vecinos.
 
 
 

TOMA 3:

El marido bebe leche de los senos de su mujer. La señora entierra en el patio el cuerpo del lactante que no pudo amamantar. El camarógrafo hace un primer plano de la mujer amamantando a su marido. Pixelan la cara del hombre por su integridad.

-¡Corten!-

 
 
 

YA ES HORA DE QUE NOS VEAMOS LAS CARAS

Ya es hora de que nos veamos las caras
es hora de bajarme los calzones
para soñar con que usted me viene a buscar.
Es hora de tentar a los chicos que deambulan en las plazas
y esperan maquillados, ocultos de las luces neón.
Es hora de salir con una botella de licor semivacía
para que un señor esbelto nos recoja en su automóvil
y nos libere de los años y la faja que provoca salpullidos.
Es hora de brindar por tu imagen de adulto mayor
aunque seas una chica aún con ganas de jugar.
Pero estamos solos y nadie nos viene a ver.
Solos ante nuestra imagen de galán televisivo
escuchando radio y bailando ante el espejo
y esperando que alguien llame
que alguien llame y nos invite a conocernos
como una primera y única vez.

 
 
 

PASEN, ES SU TURNO

A cambio de ganar la imagen perfecta, nuestra madre lleva encerrada días en el baño. Nosotras esperamos tras la puerta, acurrucadas, con los vestidos más costosos del país doblado sobre las rodillas – ¡cómo le gusta eso a ella, por Dios!–. Ante el espejo espera a un ser querido no visto en años, sino que en revistas de celebridades. Cosméticos, perfume, faja y peluca, es el lenguaje que media entre ella y la que a más tardar conoceremos al momento de decirnos “pasen, es su turno ya”.

 
 
 
 

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