Pablo Natale | Argentina

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pablo natale

Foto: Majo Arrigoni

BiografíaPublicacionesAutores Recomendados

Nacido en la ruta interestatal Córdoba-Rosario en la década de los ochenta. En la actualidad coordina talleres de escritura, colabora en suplementos culturales y es integrante de la banda argentina Bosques de Groenlandia.

Un oso polar (Recovecos, 2008; reedición en Editorial Nudista, 2015)
Vida en Común (Editorial Nudista, 2011)
Viaje al comienzo de la noche (Vox, 2014)
Los Centeno (Editorial Nudista, 2013)
Berenice y las ocho historias del pálido fantasma (Cuenta Conmigo, 2012)
Cuatro Cosmo Cuentos (La Sofía Cartonera, 2012)

-Jorge Posada (Costa Rica)
Lucas Tejerina (Argentina)
Víctor López Zumelzu (Chile)
-Daiana Henderson (Argentina)
Elena Anníbali (Argentina)
 
 
 

PABLO NATALE

 
 
 
LA CARRETERA NOÉ

Los animales no hablan
y los recuerdos tampoco.
Me gustaría tallar eso en el árbol
al que trepamos con papá
en el paraíso imaginario.
Los animales no hablan
nos diríamos
tendidos allá arriba como si sólo fuésemos ropa
empujada por el viento.
Los nombres se secan
nuestras manos se secan y los recuerdos
se secan.
Somos animales
me gustaría decirle a papá
en el silencio de la noche.
La casa se viene abajo y tan sólo somos
animales.
 
 
 
FOTOGRAFÍAS DE GENTE EN MOTO

Mr. Williams se compró una moto negra
hace un par de meses
con sus ahorros de docente
soltero y codiciado.
A veces me alcanza hasta casa
y elige siempre los caminos más complicados
se mete por calles que no conoceremos nunca
da con plazas inesperadas y hace rodeos
que parecen meternos en el laberinto de la ciudad
y mientras tanto el frío nos cala los huesos.
Eso me da tiempo para pensar en nosotros
alejarme lentamente de esa moto negra
el pavimento roto, los charcos
las manchas de aceite desconocidas
y la voz de Mr. Williams que me cuenta
en qué consiste la novela que está escribiendo
una novela que habla sobre su vida, dice
sobre los grandes amores de su vida
sobre la forma en que se olvidó de algo
y también, me dice, sobre cómo las palabras
se desgastan de tanto repetirlas
como los chistes malos.
Mr. Williams habla y se ríe con el casco puesto, la voz
derramándose entre la velocidad y el viento
veo la capa de plástico que me separa del mundo
cada calle con su nombre olvidado
las ventanas apagadas
la gente escondida yéndose a dormir
los ladrillos de las casas que no me pertenecerán
nunca
las esquinas en las que podré perderme
cuando llegue la hora y todo sea malo.
Así es que la moto dobla otra vez
y Mr. Williams habla y ríe solo.
Tenemos los cuerpos apenas inclinados
cada vez que tomamos una curva.
Éste es el cordón umbilical
que me lleva de vuelta a casa
y éste es el cordón umbilical
que me conecta de nuevo con el mundo:
aquí está Mr. Williams
aquí estamos nosotros
polvo del polvo
sonriendo para el flash de la cámara
en la ciudad del viento.
 
 
 
LA NOCHE QUE ATRAVESASTE LA PARED Y TE QUEDASTE DORMIDA

Hoy puse tu nombre en google
y aparecieron imágenes de muchas personas
ninguna igual a vos.

Me quedan dos días para saberlo:
lo que decidimos aquella noche
fue como si pusiéramos
una vela entre tus manos
y vos te fueras y yo empezara a soplar.

De este lado del mundo elijo.
el sonido que hacen las palabras
el día que te conocí.

Y en aquel lado del mundo dejo:
el lento idioma de los muñecos
mojados por la regadera.
 
 
 
SIETE DÍAS

Quedan seis días, cinco días, cuatro días para que vuelvas
hice una playlist con nombres de canciones por donde pudiste viajar
Finlandia, Beirut, los soldados de hielo, Copenhague
una noche me escribiste desde un bar en Irlanda
lleno de adolescentes irlandeses bailando rock
mandaste una foto
estabas sola, no había nadie
una barra, dos tragos, una inscripción
y tus manos apretadas en los bolsillos
quedan seis días, cinco días, cuatro, tres días para que vuelvas
ayer en la clase de literatura alguien dijo
“la vida es mejor que la literatura”
y otro le respondió “pero la literatura la hace mejor”
y hubo uno que se quedó callado y escribió
sobre personas dormidas
decenas de personas dormidas o durmiéndose
animales y ciudades y la oscuridad encendida
falta sólo una de esas clases de literatura para que vengas
me tengo que bañar tres veces
comer seis
quedan cuatro noches de sueño profundo
cavidades horarias de las que salgo confundido
y me pregunto si así de simples y livianas son las cosas
la pieza limpia y solitaria al despertar
la puerta abierta, los edificios en el horizonte
las nubes y el cielo cambiando de color
quedan cuatro, tres, dos días para que vuelvas
tu llegada me va a agarrar escribiendo este poema
queda medio poema para que llegues
la mitad del poema se hará eterna
como si estuviese cruzando el río hacia vos
como si estuvieses dormida en la otra orilla
dormida sacándote fotos, desnuda sacándote fotos
despierta y viva sacándote fotos
hablándome de las cosas que existen pero que no veo
el agua no me dejará mover
agua caliente, agua congelada
tendré que bucear entre las palabras para dar
con la frase perfecta
la enumeración adecuada para poder cruzar
quedan 500 canciones
queda un noche de fiesta y soledad
quedan tres mudas de ropa
seis o siete comidas
me gustaría encontrarme mañana
con gente por la calle
y decirles, uno a uno,
faltan dos, tres, cuatro días
faltan cinco, seis, medio día
cuando los miro pienso
Beirut, Copenhague, las orillas de Rusia, los soldados heridos del hielo
cuando los veo pienso
“es como si todos estuviésemos esperando algo”
y uno de ellos, el más tímido y violento
ladea la cabeza y susurra
“y nos movemos y estamos quietos
y el poema jamás se va a terminar”.
 
 
 
MADRE EN SUECIA

En una película sueca
se llamaría Johanna
mi madre tiene tres comportamientos básicos
de mucama, de hámster, de león
hace semanas, meses
que no veo su piel distendida
pule con constancia y solicitud
la superficie de los muebles
pero hace rato su cara
amanece sin pulir.
En una película sueca
se llamaría Johanna
la veríamos correr y, en su mejor momento
estirar la mano, subir a un tren
y luego tratar de recoger el bolso
lleno de ropa
que se cae por la vía recta
ropa que sería de mamá
y que nadie, nadie
va a recoger.
A veces, como ahora, llora
y su rostro se transforma al rojo
los pelos rizados y morenos se mueven
un pequeño golpe de electricidad en la cara
eso es casi todo
junto al silencio que construye
para dar espacio a la culpa de los demás.
A veces, también, no llora
simplemente se nos queda mirando
y sé que en ese momento espera
mucho más de mí
de lo que le puedo dar:
llamarla Johanna
e imaginarla libre
en una película sueca
que jamás vamos a ver.
 
 
 

De los libros “Viaje al comienzo de la noche” (Vox, 2014) y
“Vida en Común” (Nudista, 2011)

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