Entrevista a Washington Cucurto | Argentina

Etiquetas:    


photo-cucu

BiografíaPublicacionesAutores Recomendados

Escritor. Creador y director de la editorial Eloísa Cartonera, proyecto fundador del movimiento cartonero latinoamericano. Durante los años 2005, 2006 y 2007 fue becario de la Akademie Schloss Solitude, institución financiada por el gobierno del Bundesland alemán Baden-Württemberg. Ha incursionado en las crónicas deportivas en el diario Crítica y con columnas sobre fútbol para ESPN.

Zelarayán (poesía, 1996)
La máquina de hacer paraguayitos (poesía, 1999)
Veinte pungas contra un pasajero (poesía, 2003)
Cosa de negros (novela, 2003)
Noches vacías (cumbiela, 2003)
Panambí (cumbiela, 2003)
Fer (cumbiela, 2004)
La luna en tus manos (relato, 2004)
Hatuchay (poesía, 2005)
Como un paraguayo ebrio y celoso de su hermana (poesía, 2005)
Las aventuras del Sr. Maíz (relato, 2005)
Hasta quitarle Panamá a los yanquis (novela, 2005)
-El curandero del amor (novela, 2006)
El amor es mucho más que una novela de 500 páginas (novela breve, 2008)
1810. La revolución vivida por los negros (novela histórica, 2008)
Idalina, historia de una mujer sudamericana (novela breve, 2009)
Upepeté. Noticias del Paraguay (poesía, 2009)
El tractor (poesía, 2009)
Macanas (poesía, con el seudónimo Humberto Anachuri, 2009)
Poeta en Nueva York (poesía, 2010)
El Rey de la cumbia contra los fucking Estados Unidos de América (relato, 2010)
Pulgas y cucarachas (relato, 2010)
Sexibondi (novela, 2011)
La culpa es de Francia (novela, 2012)

 

 

WASHINGTON CUCURTO

 

 

Indudablemente, por estas tierras se te reconoce por el trabajo que vienes realizando con Eloísa Cartonera. Sin embargo, esta vez no hablaremos de cartones, sino de tu trabajo poético. ¿En qué puntos coinciden o se distancian Santiago Vega y Washington Cucurto a la hora de enfrentarte a la escritura? ¿Cuánto hay de cada uno en tu propuesta poética?

Bueno, es difícil saberlo. No soy un escritor programático, simplemente me siento y escribo con la voz que sale de mi interior, nunca hice nada más que eso. Nunca me puse en personaje o me inventé una vida de bailantero o lo que sea para seguir una norma editorial o un proyecto de escritura. Simplemente escribo lo que me sale, llámese el autor de eso Cucurto, Vega o quien sea. Ahora, la gran parte de lo escrito es autobiográfico, me ha sucedido o me suceden las eventualidades de los textos, los poemas, de las crónicas, incluso de mis collages y dibujos. Y es cierto, por otro lado, que estoy un poco loco. Pero eso, el tema duro de la locura, lo pude concientizar en los últimos años.

Dices -en relación a tu narrativa- que lo tuyo es un realismo atolondrado ¿Esto vale también para tu poesía?

Sí, creo que vale para mí vida también. Es decir, yo no logro separar la poesía, el baile, el sexo, la narrativa, los dibujos, las lecturas de lo que es mi vida, para mí es todo parte de mi existencia. Jamás hice separaciones de ese tipo, jamás me propuse escribir una novela de 200 páginas o un libro de 20 poemas, simplemente me salieron, me encontré muchas veces escribiendo 30 páginas de word en el medio de algo, y ese algo era un viaje, una novela, un relato largo, o me encontré en otras oportunidades escribiendo muchos, miles de poemas en un cuaderno, en papeles sueltos, en cualquier lugar. Tengo muchos cuadernos garabateados, muchos poemas tipeados, muchos cuentos y poemas desde hace más de 20 años y nunca mostré ni me interesó nada de todo eso, porque en un punto lo considero parte de mi locura y de mi vida privada. Mirá, la locura es esto: hay días en que estoy todo el día y la noche con la cabeza ida, flotando, pensando en poemas de Elvira Hernández, de Cisneros, de Arturo Carrera, de miles de poetas que leo y releo todos los santos días, y escribo, y los tengo como si fueran parte de mi vida, los cargo en una mochila todos los días, adonde vaya, 30 libros de poesía, soy esclavo del peso de mi mochila y cuando puedo me siento y leo y luego escribo. Me estoy volviendo loco de poesía, incluso muchas veces me pierdo, quedo perdido, a muchas cuadras de mi casa, y no sé como volver…

¿De qué tema no hablarías en tus libros?

De ninguno. Precisamente escribo para poder hablar de todos los temas. La escritura no puede ser sufrimiento, nada bueno se construye desde la tristeza o la infelicidad, tampoco creo en el rigor, que es un concepto de capital bastante pobre y horrendo. Yo creo que hay que estar bien, ser feliz con lo que poco que se tiene. Voy a ser pobre toda mi vida y seguramente mis hijos también lo serán, pero pueden ser felices toda la vida también, eso es lindo.

¿Cómo piensas que ha sido recibido tu trabajo poético en el círculo literario argentino?

Mirá, yo escribí todos estos años con afecto, con mucho amor, sólo escribí, casi sin parar. Eloísa Cartonera me superó de cierta forma, pero también es parte de mi escritura, es parte de mi forma de ser, de mi forma de pensar y de mi precaria identidad como hombre de clase baja argentino. En una época yo pensaba que, con el acceso a la información, al conocimiento, podría cambiar de mentalidad, que es la mejor manera de cambiar de clase. Pero me di cuenta que no es tan así y esa indefinida y frágil mentalidad de pobre es lo que muchas veces molestó en mis escritos, en mis poemas, las cosas mal hechas, de poca calidad, berretas en su concepción, cosas sin profundidad y bla bla bla, de pronto molestaron, hicieron daño, produjeron bronca. Pero yo siempre he tenido al afecto como base de mi vida, y también recibí mucho. Han sido más los ataques, los prejuicios, las malas lecturas, las malas ganas, pero bueno, no me voy a poner en el lugar del quejoso.

Como “Hombre de Cristina”, ¿Sientes nostalgia por el período que ya casi finaliza? ¿Tienes pensada alguna obra como cierre de ciclo? ¿En qué se diferenciaría con tu anterior trabajo en relación a ella?

El período político que vivimos los argentinos es histórico y sería una necedad no ver los grandes cambios que hemos experimentado. Nostalgias, no. Creo que vendrán tiempos mejores.

¿Cuál piensas que es uno de los puntos fuertes de tu poesía y cuáles  tus errores más recurrentes?

Uh, es una gran pregunta, muy interesante, hasta sabia te diría. No sé si estaré a la altura con mi respuesta, pero esta pregunta tocó algo que pienso siempre. Los errores más comunes son la emotividad, el llanto o la locura exacerbada, la falta de trama en los textos largos y de intensidad poética en los cortos. Mi fuerte es un lenguaje que pese a todos sus errores se sostiene en el aire, tambalea pero no cae.

Por último, ¿Qué libros de la literatura argentina no nos recomendarías?

Bueno, ninguno, tampoco recomendaría uno, que cada uno haga su camino, hay muchos libros, tenemos mucho tiempo y mucho amor para leer siempre. En cambio, ahora estoy leyendo un poemas bellísimo de Jacques Prévert, se llama Barbara, un gran poema de amor.

Colaboraciones relacionadas

Comenta, que para eso somos una editorial digital

Síguenos por redes

Suscríbete a La Ubre Amarga

Nos encuentras

Proyecto mARTadero | 27 de Agosto con Ollantay | Cochabamba - Bolivia

+591-4-4588778

laubreamarga@martadero.org